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miércoles, 10 de septiembre de 2014

10 pueblos costeros de España con mucho encanto

En la costa española quedan pueblecitos asomándose al mar que son una auténtica delicia: Cadaqués, Combarro, Cudillero…. Su encanto sobrevive como un eterno sueño de verano pese a los desmanes urbanísticos cometidos en el litoral desde hace décadas. Hoy queremos mostraros 10 pueblos costeros de España con mucho encanto; rincones que nos han ganado y que merece la pena visitar al menos una vez en la vida. 



CADAQUÉS (GIRONA) 


Un pueblo marcado por la figura del genio Salvador Dalí, que se retiró a la cala de Portlligat donde aún se puede visitar la casa en la que muchos años vivió con su amada Gala. Pero un pueblo con una entidad suficiente para estar dentro de la lista de los pueblos costeros más bellos de España. Sus callejuelas vestidas de blanco inmaculado se arremolinan por las cuestas para dirigirse hacia el mar. El corazón de Cap de Creus está lleno de romanticismo y proporciona durante el verano muy buenos momentos a sus visitantes que acaban prendados… y regresando. 


COMBARRO (PONTEVEDRA) 


Uno de los pueblos marineros por antonomasia de Galicia. Sus estrecheces acuden a bañarse la Ría de Pontevedra y el turismo de las Rías Bajas tiende a escogerlo como la localidad costera más bella de la zona. Razones no faltan. Su colección de hórreos y cruceiros de piedra le dan ese aire tan especial que posee. Aunque lo que acaba de conquistar a todo el mundo es una gastronomía colosal que ofrecen las pequeñas tabernas, siempre regada de los mejores vinos ribeiro y albariño. 


PEÑÍSCOLA (CASTELLÓN) 


En las costas castellonenses se erige un espléndido fortín templario en el que durante algún tiempo vivió el Papa Luna. Su historia es la de esas calles empedradas rodeadas de murallas y de casas pintadas en color blanco. Tiene el encanto suficiente para estar considerado como uno de los pueblos más bellos del Levante. Además posee inmensas playas, lo que le ha hecho expandirse y crecer hasta ser un referente del turismo vacacional. 


CUDILLERO (ASTURIAS) 


Encajonado en las montañas más verdes que se puedan encontrar, sus casas vestidas de colores se muestran colosales desde esa línea que lo separa del mar. Esta localidad asturiana está entre los pueblos más bellos de España (tengan costa o no) y bien merece andar y desandar esas cuestas (conocidas como las quebrantapiernas) en busca de detalles o perfiles distintos. Aunque es cierto que LA FOTO (así, con mayúsculas) se saca desde abajo. 


SAN VICENTE DE LA BARQUERA (CANTABRIA) 


Muchísimo antes de que Bustamante llorara en OT por su San Vicente de la Barquera querido, este era uno de los orgullos de Cantabria. Desde el Puente de la Maza o el castillo del Rey uno se da cuenta de que no sólo es una joya monumental sino también paisajística. Allá donde el río Escudo va a morir a la mar, los barcos de los pescadores muestran una quietud de postal en este bello pueblo de la costa cántabra. 


LASTRES (ASTURIAS) 


Otro de esos pueblitos de empinadas cuestas que asisten extasiados al espectáculo que les da el Cantábrico. Lastres tuvo la suerte (o desgracia, eso lo decidirán sus habitantes) de aparecer en la serie de televisión Doctor Mateo. Eso supuso un empujón a la llegada de turistas que vienen buscando el ficticeo San Martín del Sella y se encuentran con que el escenario desplegado es aún mejor del que desprenden sus pantallas planas. 


HONDARRIBIA (PAÍS VASCO) 


A un paso de Hendaya y, por tanto, del país vecino, la vieja Fuenterrabía (en euskera Hondarribia) asiste al último acto del río Bidasoa antes de desaparecer en el Mar Cantábrico. Una de las plazas fuertes del País Vasco tiene, entre sus muchas virtudes, unas casas señoriales de gran valor histórico-artístico, aunque las que se asoman en el puerto, con sus balcones de colores siempre floridos, son la estampa con mayor recorrido de este hermoso pueblo costero. 


TOSSA DE MAR (GIRONA)


Volvemos de nuevo a Gerona para hablar, esta vez, de uno de los estandartes que merecen, fuera de toda duda, estar en esta lista de pueblos costeros con encanto en España. Tossa es sin lugar a dudas el pueblo más bonito e interesante de esta zona sur de la Costa Brava. Una sorpresa para el visitante primerizo que se topa con La Vila Vella. Y es que la vieja puebla medieval se mantiene en un perfecto estado en un espolón de piedra que se adentra en el mar, rodeada casi por completo por una sólida muralla almenada. Es la única villa costera de la Edad Media que nos ha llegado casi intacta en toda Cataluña. 


ALTEA (ALICANTE) 


Las tejas azules y blancas de la Iglesia del Consuelo son uno de los emblemas no sólo de este bello pueblo alicantino sino de toda la Costa Blanca. Altea es una delicia para el paseante que busca perderse en sus empinados callejones de tiempos medievales o hacer algunas compras en sus muchas tiendas de artesanía que bien merecen se las eche un vistazo. Altea es un pueblo costero con encanto que nos regala un casco histórico bien conservado, unas cúpulas que rozan el mito y los secretos de sus noches blancas cuando la luna se posa en el horizonte iluminando el mar Mediterráneo. 


 TARIFA (CÁDIZ) 


El punto más meridional de la península ibérica corresponde a una de las poblaciones más hermosas de Andalucía. Y es que la línea que marca la división entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo tiene mucho de la fisionomía que le dieron los musulmanes en el que fue el inicio de un período en la península que duró casi ocho siglos. Los paisajes del tiempo han ido transformando el urbanismo árabe de Tarifa, las callejuelas frescas, la modorra de la siesta, el blanco desconchado de las paredes en un lugar irreal y casi mágico donde todo invita al paseo y la holganza. El viajero camina por el paseo de la Alameda o por los arrabales del castillo y parece llegarle un lento murmullo de voces y espadas. Es la historia, creando un nuevo paisaje urbano. 


Esta no es una lista excluyente sino una decena de las muchas maravillas con las que contamos en la costa española. Pero por supuesto hay más. ¿Nos ayudáis a complementar esta lista? ¿Cuál es ese o esos pueblos costeros con encanto que os han enamorado?

Fuente: Cadena SER

martes, 29 de julio de 2014

8 rincones curiosos que son suficientes para enamorarse de Cantabria

Un salto de agua de 50 metros de altura, un pueblo medieval con un encanto que parece difícil de superar, un bosque de piedra en un paisaje kárstico, una reserva natural junto a un río donde reina el verde y la fauna salvaje, un palacio con el sello de Gaudí y un pueblo famoso por sus torres y puentes. Creemos que son razones suficientes para enamorarse de Cantabria. Creemos que no son todas las razones, que podría haber otras extendiendo la lista, porque todo es subjetivo. Pero cada rincón en ésta serie de imágenes sirve para hacer honor al título, y sobre todo, para convencerse de poner rumbo a Cantabria, una comunidad autónoma de España entre las montañas y el mar que tiene buenas razones y lugares por ofrecer: 


1. Un pueblo costero con encanto (San vicente de la Barquera) 


Un estuario, una histórica iglesia gótica, un antiguo convento, un castillo, una pausa en la ruta que une el Camino de Santiago de la costa con el Camino Francés. Playas, y una enorme área protegida (Oyambre). Son demasiadas las razones para resistir enamorarse de éste sitio cántabro que abre la lista: 


2. Un pueblo que “se pasa” de bonito (Santillana del Mar) 


Santillana del Mar posee un conjunto medieval histórico de gran valor, uno de los más bonitos de España. En sus inmediaciones se encuentra la cueva de Altamira. Pero Santillana del Mar es por sí sola, una razón para poner rumbo a éste rincón del norte del país por algo que se explica imagen a imagen: 


3. Como un bosque de piedra (Cabárceno) 


En lo que era una antigua mina de extracción de hierro se encuentra un Parque de Naturaleza. En el lugar funciona una conocida reserva con animales en cautiverio en un régimen de semi-libertad. Lo que destacamos es el tipo de paisaje, único en España: rocas de tipo kárstico que se ven como si fuera un bosque de piedra: 


4. Un paraíso natural junto al río Besaya-Saja 


El río Besaya discurre por Cantabria desde Cañeda, hasta desembocar en el río Saja. En sus márgenes, es posible encontrar en un área protegida especies como el jabalí, nutria, lobos, águila real, corzo, ciervos. Un auténtico paraíso natural bajo el nombre de Parque del Saja-Besaya. 


5. La villa de los puentes y las torres (Potes) 


Así es conocida Potes, uno de los poblados más bonitos de Cantabria. Rodeado por montañas, verde, atravesada por un río, su encanto reside en su aspecto antiguo, su paisaje, y claro (lo dicho) sus pintorescos puentes y torres. Un lugar para caminar por sus callejuelas, descubrir sus construcciones y degustar los platos típicos entre los que destacar los garbanzos, cecina, berza…todos productos típicos del valle: 


6. Una cueva de 20 kilómetros de extensión (Cueva de El Soplao) 


En los municipios de Valdáliga y Rionansa se encuentra una cueva única por su cantidad de formaciones geológicas. En total 20 kilómetros de extensión subterránea (aunque sólo una parte está abierta al público). Lo que hace único a éste lugar son sus formaciones poco comunes, algunas de ellas se pueden ver en una visita guiada. El Soplao está abierta al público desde el año 2005 sumando aún más razones para pensar en Cantabria. 


7. Un palacio Gaudí, en Comillas 


Proyectado por el arquitecto catalán Gaudí, en la localidad de Comillas es posible encontrarse con ésta joya (llamada originalmente como Villa Quijano). Es la respuesta a una solicitud de proyectar una residencia de verano con estilo oriental. Terminada en el año 1885, por su estilo llama la atención aún al más indiferente: 


8. Un salto de agua de 50 metros de altura (El salto de Asón) 


El río Asón brota en un paisaje kárstico, para dar un salto al vacío desde 50 metros de altura y proseguir por un valle glaciar. Una puesta en escena natural magnífica que por sus efectos (en el sitio del salto) se conoce como el “valle donde nace el arco iris”. Para disfrutar de éstas vistas, hay que remontar el camino que sigue el curso del río desde el poblado de Asón, a modo de paraíso para senderistas. 


Fuente: Traveler