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jueves, 9 de octubre de 2014

10 lugares increíbles de Sudamérica: en imágenes

Echa una ojeada a vista de pájaro desde la comodidad de tu escritorio, o desde el tren, o desde donde sea que estés leyendo esto. Recorre algunos de los lugares más alucinantes de Sudamérica y, por qué no, si puedes, ve a verlos en persona... en algún momento de tu vida. 


1. Cataratas del Iguazú (Argentina/Paraguay/Brasil) 


Si vas a ver cataratas, hazlo a lo grande. Las Cataratas del Iguazú están formadas por 275 saltos que dan pie a una de las cataratas más grandes del mundo, tanto que se extienden a lo largo de la frontera entre tres países. El mayor de los altos alcanza ni más ni menos que 80 metros de altura. 


2. Praia Vermelha, Río de Janeiro (Brasil) 


Muy conocida por el voleibol playa y la canción homónima de Barry Manilow, Copacabana se lleva toda la fama mientras que la pobre Praia Vermelha, más pequeña, carda la lana a su sombra. Sube con el teleférico hasta el pico Pan de Azúcar para estas vistas, de las que disfrutó 007 mientras luchaba con Tiburón en Moonraker. 


3. Parque Nacional Torres del Paine, Patagonia (Chile) 


¿No te recuerda esta imagen los documentales del National Geographic sobre el cóndor andino? ¡Menudos paisajes! Pues eso, un lugar para experimentar los Andes en todo su esplendor es el Parque Nacional Torres del Paine, una magnífica región de macizos cubiertos de glaciares, montañas salpicadas de nieve, altísimas cimas, lagos de inmaculadas aguas azul claro, cristalinos ríos destelleantes y guanacos, esos animales con aspecto de llama. 


4. Huacachina (Perú) 


En el lugar en el que se levanta Huacachina no había nada hasta la década de 1930, cuando unos peruanos creyeron que sería buena idea construir alrededor del lago... un auténtico oasis en el desierto. En la actualidad, como era de esperar, atrae a muchos turistas que esperan llegar y ver a la legendaria sirena que dicen vive en el lago... y que se dedican a ir en buggy por las dunas. 


5. São Paulo (Brasil) 


En lo referente a puentes, el Octávio Frias de Oliveira es un ejemplo muy interesante. Los aficionados a los puentes comentan entusiasmados que es el único del mundo con dos pistas curvas sostenidas por una única estructura de hormigón. También es un hervidero en lo que respecta a delitos: no hay manera de que dejen de robar desde cables hasta luces.


6. Salvador de Bahía (Brasil) 


La «capital de la alegría de Brasil» debe este apelativo a su tendencia a montar fiestas, fama alimentada sin duda por enormes cantidades de ron (para mantener el cliché). El punto culminante de su calendario social es el carnaval de la ciudad, oficialmente la fiesta más grande del planeta, cuando cuatro millones de personas se pasan una semana entera muy «alegres» para luego jurar no volver a beber ron en la vida. 


7. Huayhuash (Perú) 


No, no hemos estado trasteando con el Photoshop, y es que la ruta por Huayhuash, en la cordillera homónima de los Andes, fue considerada la «segunda ruta más bonita del mundo» por la revista National Geographic. ¿Impresionante, verdad? 


8. Montevideo (Uruguay) 


Te diriges al paseo marítimo para contemplar la puesta de sol y dar un paseo con la intención de hacer hueco para un enorme y copioso sándwich de carne con huevos y vegetales (la especialidad uruguaya, el chivito, o «bomba de colesterol») y mira con qué te encuentras. El tiempo en Montevideo suele ser subtropical, aunque parece ser que la aguanieve es un «fenómeno habitual» en invierno. 


9. Bogotá (Colombia) 


A lo mejor te desanima la reputación de peligrosa de Colombia, y, aunque sí es verdad que quizá no sea muy seguro pasearse bien entrada la madrugada con un par de martinis de lichi de más por Bogotá, eso pasa en cualquier parte. No te pierdas la zona histórica de la ciudad, La Candelaria, y oriéntate (es gigantesca) cogiendo el teleférico que sube al cerro de Monserrate. 


10. Machu Picchu (Perú) 


Como era de esperar, no podíamos dejarlo fuera de la lista. Se puede llegar a subir hasta lo alto de la montaña que ves aquí, aunque un requisito imprescindible es no tener ni pizca de vértigo. 


Fuente: Skyscanner

martes, 7 de octubre de 2014

Un paseo por Mónaco

Hay que reconocerle a Grace Kelly haber convertido a Mónaco en un suspiro eterno de glamour y coquetería. Los millonarios y cortesanos acuden encantados de conocerse a lucir sus últimos modelos deportivos y presumir de la eslora de los barcos de su propiedad atracados en el puerto. La dinastía más longeva de Europa y el mundo, los Grimaldi, son uno de los ingredientes de una ciudad estado vista por el común como un circuito urbano de Fórmula 1 donde entre curvas y chicanes tintinean zapatos de tacón y se abren las puertas de los descapotables frente al casino.



Pero Mónaco es mucho más que el papel de una revista del corazón y cuenta con numerosos atractivos para escaparse a conocerlo. Para ello os proponemos un paseo de punta a punta que, mientras nadie diga lo contrario, sigue siendo gratis. 

Tratándose del segundo país más pequeño del mundo, sólo por debajo del Vaticano, no podemos acudir con demasiadas pretensiones. Si salimos de la estación de ferrocarril o aparcamos nuestro vehículo en uno de los muchos parkings públicos que dispone el Principado (y que resultan sorprendentemente económicos) debemos buscar siempre el puerto, enlace o puente entre dos mundos elevados como son, al oeste la ciudad vieja nacida a partir del Palacio de los Grimaldi y al este Montecarlo con su imponente casino y sus hoteles cinco estrellas con Lamborghinis frente a la puerta. A partir de ese momento tendremos muy claro cuáles son los tres mundos o espacios de Mónaco. 

El puerto deportivo 


Más que un paseo marítimo se trata de un paseo entre yates de jeques y multimillonarios sin límites en su tarjeta oro. En verano abren atracciones para los niños y se llenan de puestos de comida rápida que son el salvoconducto perfecto al turismo corriente que no extiende cheques a la ligera y se dedica únicamente a ver pero no tocar. 


La zona del puerto tiene mucho movimiento. Es un trasiego constante de gente que se mueve entre Montecarlo y el barrio del castillo a los que sirve de nexo. Al otro lado de las colinas nos esperan dos facetas muy interesantes de este diminuto (que no humilde) país situado en las estribaciones de los Alpes y asomado al Mediterráneo más azul. 

El barrio del castillo 


Desde el puerto deportivo sólo cabe subir. Al occidente del aparcadero de yates nacen caminos en cuesta y escalinatas desde las que salvar un buen desnivel atravesando frondosidades. De repente nos adentramos a la Edad Media y a los tiempos de Francisco, el primer regidor de los Grimaldi en la Mónaco de finales del siglo XIII que no dudó en disfrazarse de monje para subir al trono. 


Una puerta de acceso en piedra y puestos de vigilancia de la parte amurallada de la ciudad nos sirve para ponernos frente al castillo, o más bien palacio de los Grimaldi. Las almenas son la excusa que queda para llamar castillo a lo que es un palacio o palacete con fachada renacentista sin demasiadas florituras pero sobrio y elegante. Desde uno de sus balcones sale la familia principesca ocasionalmente, algo que hemos visto en algunas de las bodas de unos miembros de la realeza europea que siempre han dado mucho que hablar. 


En la roca del castillo principesco, además de unas vistas magistrales del puerto, de Montecarlo y de las torres elevadas que nacen en las montañas, aparece una sucesión de edificios clásicos que debemos observar. Pintados en color pastel que se abren en callejuelas las cuales siguen los trazados de la agitada historia de este curioso país.

Tomemos la calle que tomemos, amén de mostrarnos esa Mónaco tradicional alejada de las grandes construcciones, siempre llegaremos a la Catedral de estilo neorromántico consagrada en 1875 sobre el lugar que ocupó la humilde iglesia de San Nicolás. El lugar donde yace la pareja más famosa que nos ha dado el Principado, Rainiero III y Grace Kelly, es probablemente el más visitado de todos. El destino final de la musa de Alfred Hitchcock ha convertido en legendario a este hermoso y fotogénico templo de piedra blanca. 

Otro de los atractivos del barrio del palacio principesco es el Museo Oceanográfico. Sólo con la fachada merece la pena una visita que es incapaz de decepcionar. Se trata de uno de los mejores museos marinos de toda Europa. Inigualable en emplazamiento y merecedor de alargar una estadía en tierras monegascas. 

Montecarlo y su casino 


Del castillo debemos bajar nuevamente al puerto. No hay otro remedio si queremos llegar al otro lado de Mónaco, a Montecarlo. Lo ideal es hacerlo siguiendo el circuito por el que pasan veloces los vehículos de Fórmula 1 cada año en el Gran Premio de Mónaco. Hay numerosas huellas de los boxes e incluso los neumáticos impregnados en el asfalto por parte de corredores como Fernando Alonso, Hamilton y otras figuras que podemos ver hoy día en televisión. Aunque mucho antes se la jugaran por allí los Fangio (que tiene una estatua en el puerto), Fitipaldi, Sena, Schumacher y compañía. Se mire donde se mire Mónaco es historia viva del automovilismo mundial. 


Pasamos el puente, tomamos la chicane más mítica de la Fórmula 1 y llegamos al área del casino de Montecarlo. Un edificio construido por Garnier, el mismo que levantó la Ópera de París, nos muestra la grandiosidad de uno de los lugares más concurridos de Mónaco. Y, sin duda, el espacio con más millonarios por metro cuadrado. Basta con ponerse frente a la fachada principal y ver cómo los aparcacoches no dan abasto con los Ferrari, Bentley, Lamborghini o Rolls Royce de turno. Es un auténtico placer para quienes les apasionen los coches deportivos puesto que difícilmente en otro lugar se puedan encontrar tantos y tan juntos al mismo tiempo. 

El hotel de París, en un lateral, es otro de esos clásicos inconfundibles de ese Montecarlo de corte elitista. El conjunto es para quedarse a verlo aunque al cabo de un tiempo las escenas de tránsito de grandes fortunas pueden rozar los límites de lo obsceno. Y también de la envidia, por qué vamos a negarlo. 


Y con el casino como último sabor de boca salimos de Mónaco por donde hemos venido. Muy cerca aparecen algunos destinos de la Costa Azul que requieren nuestra atención como Niza, Cannes, Menton, Antibes o ese Saint-Paul-de-Vence encaramado a una montaña. Cambiamos el caviar por el bocadillo de chopped que nos espera para volver… 

Un lugar único, lleno de magia, lujo y mucho glamour para una escapada romántica, disfrutar de unos días en la Costa Azul y relajarse por las bonitas calles del principado. ¿Te viene a Mónaco?

Fuente: Cadena SER

miércoles, 1 de octubre de 2014

10 maravillas del mundo para tu lista de deseos

¿Un safari en Sudáfrica? ¿Una suite nupcial en las Seychelles? ¿O algo un poco más loco? ¿Adónde te gustaría ir? Hemos elegido 10 lugares excepcionales que tienes que visitar por lo menos una vez en la vida. ¿El año que viene quizá? 


1. Adršpach-Teplicei, República Checa

 
¿Tienes pensado viajar a Praga? Dedica un día a visitar el bonito a la vez que curioso Parque Nacional de las Rocas de Adršpach-Teplice. Los amantes de los saltos de roca en roca (sí, los hay) se volverán locos con las estrambóticas formaciones de arenisca, aunque también se pueden apreciar sin tener que despegar los pies del suelo. 


2. Monasterios de Meteora, Grecia 


Los Monasterios de Meteora son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Y la verdad es que estas increíbles construcciones de la región griega de Tesalia estilo nido de águila merecen con creces tal distinción. ¿Qué te parecería un rápel por estas pequeñinas? ¿Mejor no? A eso lo llamo yo sensatez. 


3. Salar de Uyuni, Bolivia

 
¿Sabías que el salar de Uyuni, en Bolivia, es el mayor desierto de sal del mundo? Vale, otra pregunta, ¿qué desiertos de sal conoces? Ahí le has dado, ¿eh? 


4. Cataratas del Niágara, Canadá

 
Le llega ahora el turno a una clásica maravilla del mundo: las imponentes Cataratas del Niágara. Aunque hemos puesto Canadá, lo cierto es que una de las tres cascadas que la forman, con el acertado nombre de Cataratas Estadounidenses, está en los Estados Unidos. Las otras dos, las cataratas Velo de la novia y las Herradura de caballo (o Canadienses), se encuentran con orgullo en la parte canadiense. 


5. Seljalandsfoss, Islandia

 
A escala ligeramente menor que las del Niágara, la cascada Seljalandsfoss, en Islandia, es aún más impresionante por sus características. Para disfrutar de unas vistas que no se suelen ver en los salvapantallas de los ordenadores, haz una excursión por detrás de esta belleza de sesenta metros de altura. Eso sí, asegúrate de llevar un buen impermeable. 


6. Bahía de Halong, Vietnam

 
Unas 1.600 islas e islotes salpican la bahía de Halong en un espectáculo de formas y siluetas surrealistas. Nadie vive en estas extrañas y maravillosas moles de calizas del golfo vietnamita de Tonkin porque son demasiado peligrosas. En pocas palabras, porque se hacen pedazos. La caliza no deja de erosionarse, formando un extravagante paisaje marítimo y terrestre de arcos, torres y cuevas. 


7. Aït-Ben-Haddou, Marruecos 


Es posible que reconozcas este lugar. Las ciudad fortificada de Aït-Ben-Haddou, entre el Sáhara y Marrakech, ha sido el set de rodaje estrella de un buen número de películas, como El hombre que pudo reinar, Gladiator, La Momia y La joya del Nilo. 


8. Ngorongoro, Tanzania

 
El que crea que el porte del flamenco (el ave) tiene algo que ver con el flamenco (la danza) no puede estar más equivocado. Y es que no hay más que ver a un flamenco (el ave) de verdad para darse cuenta de lo desgarbados que son los pobres. Para más inri, si los miras de cerca verás que además son bastante feos. Eso sí, hay literalmente millones de flamencos (el ave) en el Ngorongoro, en el Gran Valle del Rift, en el África oriental. Y cebras. 


9. Playa Whitehaven, Australia 


¡Guau! Considerada por muchos la mejor playa de Australia, Whitehaven es algo más tranquila que Bondi en plena temporada surfera. Es una de las muchas playas de aguas turquesas y arena blanca que hay en las islas Whitsunday, cubiertas de bosque tropical, en la costa de Queensland. 


10. Lago Kaindy, Kazajistán

 
Este tiene que ser uno de los lugares más raros del mundo. El bosque bajo el agua del lago Kaindy, en las montañas kazajas de Tian Shan, se formó después de que un terremoto provocase un desprendimiento de tierras que dio paso a este extravagante lugar, con árboles cubiertos por agua con una profundidad de hasta treinta metros. El submarinismo aquí es solo para los más atrevidos. 


Fuente: Skyscanner

martes, 30 de septiembre de 2014

Galifornia: parecidos razonables entre las dos costas oestes

Incrédulos: dícese de aquellos que tildan el noroeste de la península como un cubito de hielo donde no deja de llover. Galifornianos: dícese de aquellos que rompen con los tópicos y encuentran en Galicia el verano en todo su esplendor, en playas de bandera azul y paisajes paradisíacos. Y que sí, que el agua del Atlántico está helada y que si en Galicia tienen unos 70 términos para definir la lluvia “por algo será”. Pero quien avisa no es traidor: los veranillos del noroeste, son Galifornia pura.


 

PARASOL Y CREMA 


Freak-show a lo Venice Beach 


Al igual que Patti Smith le cantó a Redondo Beach y Coutney Love a Malibu, los Siniestro Total le cantaron a Samil (y a las Cíes). Y no, no es baladí. Las playas de Galicia son otra cosa: algunas más salvajes, casi metidas en el monte (o más bien, como recién salidas de él), otras más típicas y tópicas, como la de Samil en Vigo. La vida en la larga Samil (de casi dos kilómetros) gira en torno al paseo, con sus restaurantes, canchas de baloncesto, terrazas e incluso piscinas. Pero más allá de la mole de cemento (que ocupa unas antiguas dunas naturales...), tiene cierto encanto hortera, tan de merenderos a rebosar de gente, de vacaciones de otra época, de neveras repletas de tuppers, de esa playa de familia numerosa, de típico grupete de amigos ejercitándose sin camiseta en un gimnasio improvisado, echando la pachanga al sol o patinando en las pistas del otro lado del paseo. Es otro mundo. No muy diferente del freak show americano (y digo freak show con todo el 'agarimo') de playas como Venice. 


Playas salvajes a lo Big Sur 


Y luego tenemos las calitas, las playas salvajes, las escondidas entre pinares y carballeiras... Esas son las playas “más Big Sur californiano”, como los acantilados de la Costa da Morte. Esta tierra legendaria de mareas violentas se da un respiro en playas como O Rostro (¿quizás uno de los mejores atardeceres de la Comunidad?) o la de Carnota, siete kilómetros en donde encontramos dunas, marismas y un arenal con unas vistazas al Cabo Fisterra. 

Incluso existen playas que son obras de arte. Es el caso de Arealonga cuyo difícil acceso lleva a una recompensa mayor: la playa está situada junto al castro de Baroña, milenios de historia mezclados con torsos al sol. Esto es Galicia. La playa de las Catedrales es arte natural. Las formaciones rocosas invitan (con la marea baja) a pasear entre grutas, cavernas y galerías creadas por la erosión del bravo mar. 

La guapura continúa hacia el sur, hacia las Rías Baixas, con incontestables reinas de la belleza como Melide, dentro del espacio natural de Cabo Home, o la playa de Barra, recogida e íntima, perfecta para tomar el sol completamente desnudos. Pero además de los arenales, la costa gallega está para investigarla, cala a cala. 



Más allá de C(g)alifornia: el toque caribeño 


Las Islas Cíes y las Islas Ons, más que Galifornia son una suerte de Caribe gallego. Se merecen un punto y aparte: se merecen un par de días de exploración, caminata, playa y achicharramiento al sol. Aquí se encuentran las playas más bonitas (como Rodas o Nosa Señora en Cíes; Melide o Pereiro en Ons) aquí el sol pica hasta quemar y el agua congela hasta entumecer las articulaciones (qué se le va hacer, no podía ser perfecto). Recomendamos ser previsores en épocas veraniegas para reservar plaza en ambos cámpings. Pero más allá de playa, lo suyo es patearse las islas, observar la fauna y las vistas al Atlántico abierto o a las rías. Demasiado. 

FAUNA 


Para los noveles en el arte del playeo gallego, avisamos de la existencia de algún que otro ser marino puñetero. No se trata del tiburón blanco de las costas americanas (aunque dudas, "habelas haylas"). En Galicia son más de golfiños (delfines, pero de los otros 'golfiños' también hay) y de fanecas, unos pequeños peces con espinas venenosas en su cabeza que se esconden bajo la arena esperando a que un pie desnudo las pise. Escuece muchísimo. Llevad cangrejeras si el puesto de la Cruz Roja está lleno de bañistas cojos. Y cuidado con las gaviotas. Se han visto especímenes hiper-evolucionados capaces de robar el típico bocadillo de playa con pasmosa facilidad. De hecho, hay testigos de cómo no le hacen ascos ni al mismísimo papel de aluminio. Están organizadas. Se han especializado. Y hay que temerlas. 


DEL 'BEACH CLUB' AL CHIRINGUITO


Existe una leyenda en Galicia, la del 'lobishome', el hombre lobo que se transforma por las noches y recorre los pueblos buscando víctimas. No muy lejos de la realidad, las noches de Galicia transforman a cualquiera. La cultura del disfrute a la luz de la luna es otra cosa. En verano destacan las fiestas en la playa, los chiringuitos con vistas a las rías, los pueblos que se transforman en verano al igual que esos hombres-lobo. Es el caso de Bayona o Portonovo, conocidos por las discotecas que cierran sus puertas al amanecer. No podemos olvidarnos de mitos playeros como Playa Club en la mismísima Riazor, en la Coruña, o geniales lugares donde tomar un cóctel con la brisa atlántica de protagonista como La Vela o el Pénjamo (Vigo y Nigrán, respectivamente). 


ROAD TRIP


Por la costa, de Los Ángeles a San Francisco:


Hazte la ruta de las Rías Altas (de Ribadeo a la Coruña, por ejemplo, con paradas obligatorias en Viveiro y Ortigueira), o la de las Baixas (Muros, Rianxo, Vilagarcía, Cambados, Sanxenxo, Marín, Bueu, Cangas, Moaña, Vigo, Nigrán, Baiona...), playa a playa (y curva a curva). 

El interior, de Los Ángeles a Las Vegas: 


La diferencia es clara: en Galicia esto de los grandes páramos y desiertos no se estila. Tampoco se estila la palmera: se estila el pino, el carballo (incluso el eucalipto), las grandes fragas... No se estila el motel americano, se estila el hostal de pueblo, la casa de piedra, las poblaciones dispersas. Podríamos proponer miles (da para otro tema), pero os recomendamos un trekking hasta la cascada del río Toxa (Bandeira-Silleda), uno de los enclaves más bellos de Galicia, un paseo por el Bosque do Rexo (marcado por las obras de Agustín Ibarrola) o el recorrido de los molinos del Parque Natural del Río Barosa, entre Pontevedra y Caldas de Reis. 


EL ORANGE COUNTY DE LAS RÍAS BAIXAS 


Por tener, Galifornia tiene hasta su propio 'Orange County': la isla de Toralla en Vigo es un promontorio rocoso y privado, donde los grandes casuplones con piscina y con vistas al infinito de la ría (con las Cíes al frente) son los protagonistas. El acceso es solo para vecinos, pero podrás disfrutar de dos pequeños arenales protegidos por muros (más bien lo que protegen son las casas) bastante menos masificados que la playa del otro lado del puente, el Vao. 


LA ISLA-PRISIÓN 


Alcatraz-San Simón. Si San Francisco presume de destino morboso con la isla – prisión de Alcatraz, los gallegos también. Una antigua cárcel, que también fue horfanato y terminó siendo leprosería ocupaba la isla de San Simón: hoy en día, allí se celebra un festival muy riquiño y con mucho gusto (SinSal San Simón) con cartel secreto hasta el momento en que los artistas rasgan la guitarra. La historia de San Simón está tan llena de anécdotas como Galicia entera, con sus templarios, con su batalla de Rande, su invasión inglesa con el capitán Drake dando el grito de guerra, su uso como campo de concentración durante la Guerra Civil... Si a Alcatraz le han dedicado una serie, con San Simón se pueden hacer una saga entera.

SURF 


Hace unos años no existían escuelas de surf en Galicia. Pero sí surfistas que se subían a las tablas en las playas de Patos, Melide, Malpica, Doniños o Frouxeira. Hoy en día las playas se llenan de neoprenos, aletas, tablas de bodyboard, de kite surf y tablones. No es raro encontrarse con surfistas que se hacen la ruta luso-gallega subidos a una tabla y las escuelas de surf empiezan a hacer mella en los más pequeños. Es el caso de la escuela de la playa de Prado en Nigrán (donde el surfista profesional Gony Zubizarreta empezó a cabalgar las olas), la de la vecina Patos o la Oxigeno Surf School, gestionada por la Federación Galega de Sur en colaboracion con Glass Surf Clube. 


¿UN GOLDEN GATE GALLEGO?


Admitimos que esta afirmación puede estar provocada por un cóctel molotov de sensaciones: esa melancólica que invade a cualquiera que visite la Comunidad gallega y tenga que volver, al alejarse en tren o en coche de los paisajes gallegos y el ver cómo las rías y los montes escapardos se desvanecen dando paso a la meseta española... Vamos, la 'saudade' de toda la vida. ¿Es el Puente de Rande el Golden Gate del noroeste? Este puente 'atirantado' une Redondela con Moaña y su aspecto entre la 'brétema' (la niebla marina), puede ser algo así como una estampa sanfranciscana del Golden Gate. ¿Espejismo o realidad? Galifornia. 


FENÓMENO INSTAGRAM 


Que Galicia es Galifonia y California tiene algo de Galicia, no solo lo decimos nosotros: lo grita Instagram. Levantarse un día en la capital pisando cemento y ver estas fotografías de ese mal llamado noroeste lluvioso nuestro, es un zas-en-toda-la-boca. El mismo Zas! Que ha motivado el artículo. Échenle un ojo y pongan rumbo a Galifornia (con suerte, hará buen tiempo).

Fuente: Traveler

martes, 23 de septiembre de 2014

Diez motivos para redescubrir la isla de Capri

Pocos lugares resultan tan evocadores como Capri, una diminuta isla en la bahía de Nápoles, refugio de artistas, intelectuales y estrellas de Hollywood, que constituyó el centro de la 'dolce vita' en los años 60 y 70.


 

Dicen que fue precisamente aquí donde Ulises logró eludir el seductor pero mortal canto de las sirenas. Aquí vivió en los años 50 el poeta chileno Pablo Neruda, estancia que más tarde inspiraría la película “El Cartero de Neruda” y aquí donde el yate “Cristina” fondeaba para que Jacky Onassis pudiera comprarse los pantalones que ella misma haría famosos en el mundo entero. Corrían los anos 60 y un joven cantante francés, Hervé Vilard, triunfaba con su canción Capri, c’est fini, una canción de desamor en la isla más romántica del Mediterráneo. 

Hoy, Capri es una isla sobreexplotada donde cada día llegan hordas de turistas buscando el glamour y la belleza natural tantas veces prometida por fotografías que muestran rincones de ensueño, grutas de colores azules y verdes profundos y jardines con olor a limoneros y enebro. Pero lo cierto es que llegando a Capri, uno se siente más cercano a una oveja en un rebaño que propiamente de la jet set, por no hablar de los precios elevadísimos y de las maneras no siempre correctas de quienes saben que de todas formas el turismo nunca faltará. En ese momento uno se pregunta: Capri, c’est fini? o Capri, ¿se ha acabado?. Pero no, ce n’est pas fini, pese a todo Capri sigue convenciéndonos que los lugares mágicos existen. Y aunque habría muchas, aquí tienes 10 razones que te lo demostrarán: 


1. LA PIAZZETTA 


El lugar para tomarse un cappuccino o un Martini Después de una larga espera bajo un sol abrasador conseguimos hacernos con un sitio en el funicular que asciende desde la Marina Grande hasta la ciudad de Capri, colgada en los acantilados. Aquí descubrimos la Piazza Umberto I, más conocida como Piazzetta, una pequeña y encantadora plaza coronada por la Torre del Reloj cuyas campanas doblan cada hora. El suelo es de piedra volcánica y sus paredes están encaladas en tonos amarillos y blancos. En los bulliciosos cafés se mezclan los acalorados visitantes de un día con vestimenta deportiva y los glamurosos residentes vistiendo sandalias de pedrería y túnicas étnicas. ¿El plan perfecto? Sentarse en alguno de los cafés, preferentemente en el Café Tiberio, para tomarse un cappuccino o un Martini mientras se contempla el ir y venir de la curiosa paleta de personajes. 

2. LA PARISIENNE

 
Copiar los pantalones de la mítica Jacky Kennedy Onassis. Ambiente de casa de costura de los años 50 para este lugar de culto, donde Jacky O se hacia a medida los pantalones que hoy llevan su nombre. “Pedía seis pares al mismo tiempo, todos en blanco”, cuenta Francesca Settanni, a cuya familia pertenece después de mucho tiempo el insigne establecimiento. Imperdible probarse unos y sentirse súper glamurosa durante unos instantes (Piazza Umberto, 1er, 7 +39 081 837 02 82). 


3. CANFORA

 
Hacerse unas sandalias a medida. María Callas o Grace Kelly eran asiduas de este lugar donde Amadeo Canfora hace como nadie las icónicas sandalias “Capri”, adornándolas con piedras o corales. No te pierdas el minucioso proceso de los artesanos trabajando con el cuero o insertando las piedras. Imposible no encontrar las nuestras entre los numerosos modelos alineados en las estanterías. Incluso, puedes hacerte con unas del modelo “Jacky Kennedy” al precio de 280,00 €, una creación en honor a la diva de Capri (Via Camarelle, 3). 

4. VILLA JOVIS


Rememorar las fiestas del Emperador Tiberio. Dicen que el emperador Augusto se sintió completamente cautivado la primera vez que desembarco en Capri y por ello ordenó construir al menos 12 lujosos palacios y villas. Su hijo Tiberio heredo esta pasión pasando largas temporadas en la isla. De entre todos los palacios, el mayor y más conocido, Villa Jovis (hoy en ruinas) es donde Tiberio se entregaba con delirio de libertino a sus famosas orgias y fiestas. Al final de la avenida que conduce a la villa se encuentra el famoso “Salto di Tiberio”, un precipicio situado a 292 metros del mar y que según la leyenda, era el lugar utilizado por el emperador para lanzar a los sirvientes desobedientes y a sus enemigos. 


5. LA FONTELINA 


Comer donde las estrellas. “Desde 1949 pan, mar y amor enfrente de las Faraglioni” es la consigna de uno de los restaurantes más famosos de la isla. Frecuentado un día por Brigitte Bardot, Sophia Loren o Clark Gable, La Fontelina es todavía hoy uno de los preferidos de la “gente guapa” de Capri, que viene aquí a disfrutar de las impresionantes panorámicas pero también de unos buenos “spaghetti con le vongole”. El restaurante se sitúa enfrente de las Faraglioni, las tres formaciones rocosas de grandes dimensiones (entre 80 y 100 metros) que constituyen una de las imágenes mas memorables de la isla y donde Augusto y después su hijo Tiberio, subyugados por su belleza, decidieron instalarse hace más de 2000 años. Pero fue mucho más tarde, en 1949, cuando Lucia Fiorentino Y Peppino Arcucci, seducidos por el lugar, abrieron un pequeño restaurante. En 1960, al tiempo que la jet set internacional descubre Capri, la Fontelina se convierte en un lugar de referencia por sus sublimes vistas pero también por su cuidada cocina (Via Faraglioni 2 +39 081 837 08 45).

6. LABORATORIO

 
Comprar el estilo «Capri». Hace 3 años Michele Esposito dejaba Paul Smith para lanzar su propia marca en Capri. El estilo: “chic” de los años 50 con un toque étnico. Todo aquí es absolutamente irresistible, desde las cestas con asas de cocodrilo hasta ropa impresa con imágenes antiguas de la isla. ¿Dónde esta mi tarjeta de crédito? Via Ignazio Cerio, 6 

7. VILLA MALAPARTE

 
Descubrimiento fantástico tras la caminata. Decía el escritor Curzio Malaparte que “ ningún lugar ofrece una perspectiva tal del horizonte, una profundidad tan grande de sentimientos”. Esta obra arquitectónica moderna atribuida a su propio dueño, el nombrado Curzio Malaparte, se erige en uno de los más bellos parajes del mundo, en un costado de un acantilado al este de Capri, a 32 metros por encima del Mediterráneo. Este edificio de formas imposibles, que surge de forma inesperada tras una caminata a pié de una hora y media desde la Piazzetta a través de sinuosos senderos, es un paralelepípedo de albañilería roja entallada por una monumental escalera en pirámide invertida que conduce a una cubierta plana-solárium. La Casa Malaparte es actualmente un lugar de estudio para arquitectos y aficionados del mundo entero. Algunos eventos culturales se celebran habitualmente en ella. Consulta la agenda de la ciudad y quizás con un poco de suerte podrás entrar y no solo ver de lejos esta maravilla arquitectónica. 


8. CARTHUSIA 


Dejarse embriagar por los aromas de Capri Pasar por delante de la puerta de una de sus tiendas es embriagarse de un irresistible perfume mediterráneo de notas de limón y enebro. Imposible no cruzar el umbral de la puerta para adentrarse en el fantástico universo de Carthusia. Cuenta la leyenda que en el siglo XIV el prior del monasterio de los Cartujos de St James se vio sorprendido ante la inesperada llegada de la Reina Juana de Anjou a la isla. No sabiendo como agasajar a la reina, el padre improvisó un ramo de flores con especies típicas de la isla. Estas permanecieron varios días en agua y cuando el padre fue a retirarla se quedó maravillado ante el misterioso aroma que desprendía. El religioso continuó haciendo pruebas y afinando la técnica hasta dar con la fórmula del exquisito y misterioso perfume de Capri: Garofilium Silvestre Caprese. Así comienza la historia de Carthusia aunque tuvieron que pasar cinco siglos hasta que el mismísimo Papa permitiera desvelar la formula a un alquimista quién comenzó a comercializar los perfumes. Hoy Carthusia sigue realizando sus fragancias siguiendo el método tradicional descubierto por el prior del monasterio y utilizando materias primas originarias de la isla. Nuestros preferidos: Caprissimo y Aria de Capri (Via Federico Serena 28). 

9. LA CONCHINGLIA 


La Conchinglia es la Librería de los Tesoros. No puedo evitarlo, las librerías me fascinan, sobre todo como ésta, repleta de joyas. Aquí podrás encontrar centenares de libros escritos sobre la isla, desde Homero hasta Marguerite Yourcenar. Echa un vistazo a su colección de pintura de postales antiguas de la isla y sus de pinturas del siglo XIX y XX, todas sobre Capri (Via Le Botteghe, 12). 


10. LA LUNA EN CAPRI 


“Verlo para creerlo”. Sus residentes dicen que Capri es en realidad, mucho mejor por la noche, cuando los turistas casuales desaparecen y deviene el paraíso natural tranquilo y hedónico que es en realidad. Por eso, si visitas Capri, pasa allí al menos una noche, para ver en su famosa bahía el reflejo de la luna que describiera de esta forma Míster Swarovski: “Sale de las Faraglioni y poco a poco se va transformando de amarillo, en naranja pálido hasta llegar a un blanco, blanquísimo; hay que verlo para creerlo”. Y desde luego él de cosas brillantes sabe mucho.


Fuente: Traveler