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martes, 7 de octubre de 2014

Un paseo por Mónaco

Hay que reconocerle a Grace Kelly haber convertido a Mónaco en un suspiro eterno de glamour y coquetería. Los millonarios y cortesanos acuden encantados de conocerse a lucir sus últimos modelos deportivos y presumir de la eslora de los barcos de su propiedad atracados en el puerto. La dinastía más longeva de Europa y el mundo, los Grimaldi, son uno de los ingredientes de una ciudad estado vista por el común como un circuito urbano de Fórmula 1 donde entre curvas y chicanes tintinean zapatos de tacón y se abren las puertas de los descapotables frente al casino.



Pero Mónaco es mucho más que el papel de una revista del corazón y cuenta con numerosos atractivos para escaparse a conocerlo. Para ello os proponemos un paseo de punta a punta que, mientras nadie diga lo contrario, sigue siendo gratis. 

Tratándose del segundo país más pequeño del mundo, sólo por debajo del Vaticano, no podemos acudir con demasiadas pretensiones. Si salimos de la estación de ferrocarril o aparcamos nuestro vehículo en uno de los muchos parkings públicos que dispone el Principado (y que resultan sorprendentemente económicos) debemos buscar siempre el puerto, enlace o puente entre dos mundos elevados como son, al oeste la ciudad vieja nacida a partir del Palacio de los Grimaldi y al este Montecarlo con su imponente casino y sus hoteles cinco estrellas con Lamborghinis frente a la puerta. A partir de ese momento tendremos muy claro cuáles son los tres mundos o espacios de Mónaco. 

El puerto deportivo 


Más que un paseo marítimo se trata de un paseo entre yates de jeques y multimillonarios sin límites en su tarjeta oro. En verano abren atracciones para los niños y se llenan de puestos de comida rápida que son el salvoconducto perfecto al turismo corriente que no extiende cheques a la ligera y se dedica únicamente a ver pero no tocar. 


La zona del puerto tiene mucho movimiento. Es un trasiego constante de gente que se mueve entre Montecarlo y el barrio del castillo a los que sirve de nexo. Al otro lado de las colinas nos esperan dos facetas muy interesantes de este diminuto (que no humilde) país situado en las estribaciones de los Alpes y asomado al Mediterráneo más azul. 

El barrio del castillo 


Desde el puerto deportivo sólo cabe subir. Al occidente del aparcadero de yates nacen caminos en cuesta y escalinatas desde las que salvar un buen desnivel atravesando frondosidades. De repente nos adentramos a la Edad Media y a los tiempos de Francisco, el primer regidor de los Grimaldi en la Mónaco de finales del siglo XIII que no dudó en disfrazarse de monje para subir al trono. 


Una puerta de acceso en piedra y puestos de vigilancia de la parte amurallada de la ciudad nos sirve para ponernos frente al castillo, o más bien palacio de los Grimaldi. Las almenas son la excusa que queda para llamar castillo a lo que es un palacio o palacete con fachada renacentista sin demasiadas florituras pero sobrio y elegante. Desde uno de sus balcones sale la familia principesca ocasionalmente, algo que hemos visto en algunas de las bodas de unos miembros de la realeza europea que siempre han dado mucho que hablar. 


En la roca del castillo principesco, además de unas vistas magistrales del puerto, de Montecarlo y de las torres elevadas que nacen en las montañas, aparece una sucesión de edificios clásicos que debemos observar. Pintados en color pastel que se abren en callejuelas las cuales siguen los trazados de la agitada historia de este curioso país.

Tomemos la calle que tomemos, amén de mostrarnos esa Mónaco tradicional alejada de las grandes construcciones, siempre llegaremos a la Catedral de estilo neorromántico consagrada en 1875 sobre el lugar que ocupó la humilde iglesia de San Nicolás. El lugar donde yace la pareja más famosa que nos ha dado el Principado, Rainiero III y Grace Kelly, es probablemente el más visitado de todos. El destino final de la musa de Alfred Hitchcock ha convertido en legendario a este hermoso y fotogénico templo de piedra blanca. 

Otro de los atractivos del barrio del palacio principesco es el Museo Oceanográfico. Sólo con la fachada merece la pena una visita que es incapaz de decepcionar. Se trata de uno de los mejores museos marinos de toda Europa. Inigualable en emplazamiento y merecedor de alargar una estadía en tierras monegascas. 

Montecarlo y su casino 


Del castillo debemos bajar nuevamente al puerto. No hay otro remedio si queremos llegar al otro lado de Mónaco, a Montecarlo. Lo ideal es hacerlo siguiendo el circuito por el que pasan veloces los vehículos de Fórmula 1 cada año en el Gran Premio de Mónaco. Hay numerosas huellas de los boxes e incluso los neumáticos impregnados en el asfalto por parte de corredores como Fernando Alonso, Hamilton y otras figuras que podemos ver hoy día en televisión. Aunque mucho antes se la jugaran por allí los Fangio (que tiene una estatua en el puerto), Fitipaldi, Sena, Schumacher y compañía. Se mire donde se mire Mónaco es historia viva del automovilismo mundial. 


Pasamos el puente, tomamos la chicane más mítica de la Fórmula 1 y llegamos al área del casino de Montecarlo. Un edificio construido por Garnier, el mismo que levantó la Ópera de París, nos muestra la grandiosidad de uno de los lugares más concurridos de Mónaco. Y, sin duda, el espacio con más millonarios por metro cuadrado. Basta con ponerse frente a la fachada principal y ver cómo los aparcacoches no dan abasto con los Ferrari, Bentley, Lamborghini o Rolls Royce de turno. Es un auténtico placer para quienes les apasionen los coches deportivos puesto que difícilmente en otro lugar se puedan encontrar tantos y tan juntos al mismo tiempo. 

El hotel de París, en un lateral, es otro de esos clásicos inconfundibles de ese Montecarlo de corte elitista. El conjunto es para quedarse a verlo aunque al cabo de un tiempo las escenas de tránsito de grandes fortunas pueden rozar los límites de lo obsceno. Y también de la envidia, por qué vamos a negarlo. 


Y con el casino como último sabor de boca salimos de Mónaco por donde hemos venido. Muy cerca aparecen algunos destinos de la Costa Azul que requieren nuestra atención como Niza, Cannes, Menton, Antibes o ese Saint-Paul-de-Vence encaramado a una montaña. Cambiamos el caviar por el bocadillo de chopped que nos espera para volver… 

Un lugar único, lleno de magia, lujo y mucho glamour para una escapada romántica, disfrutar de unos días en la Costa Azul y relajarse por las bonitas calles del principado. ¿Te viene a Mónaco?

Fuente: Cadena SER

martes, 29 de julio de 2014

20 motivos para dejarlo todo e irte a Portugal

Portugal es como España, pero en mejor. Aquí te contamos por qué nos gusta muy fuerte el país vecino. 


1) LAS PLAYAS 


Solo tienes que mirar un mapa. Portugal son kilómetros y kilómetros de costa que el Atlántico regala para colmar todos tus deseos playeros posibles. Hay largas extensiones de arena salpicada con sombrillas y pasarelas de madera (como en Comporta), hay calas escondidas semidesiertas (como las del Alentejo) y elegantes playas urbanas de estilo vacaciones a la vieja escuela (como en Cascais). Del norte al Algarve pasando por las islas, siempre habrá una nueva playa portuguesa de esas que pensaban que ya no existían en este continente a punto de convertirse en tu favorita. 

2) LA CERCANÍA


El más vecino de los países vecinos, la nariz del perfil, está literalmente a un paso. A un máximo de hora y media en avión y apto para los que temen volar (las opciones incluyen tren, autobús, coche o un ferry cruzando el Minho), no hay excusas para no acercarse en cualquier momento, al terminar la lectura de este texto mismamente. 


3) OPORTO


Porto es cuestas, ropa tendida, francesinhas, la vista a las bodegas de Vila Nova de Gaia, la librería más de cuento de hadas del mundo, autenticidad por los cuatro costados y descubrir en cada rincón su belleza decadente. 

4) LISBOA


Lisboa es edificios post-terremoto, Bairro Alto y Alfama llenos de rollaco, tranvías amarillos, el agua siempre en el horizonte y sobre todo una luz blanca increíble que la convierte en la ciudad más bonita de la Península Ibérica. 


5) El CAFÉ


Ay, amantes del café, otro hotspot en vuestro (nuestro) mapa, y aquí estamos hablando del producto y del lugar. Se preparan unos magníficos cafés (acuérdate de llamarlo una bica en Lisboa) en las cafeteras cona y se sirven en cafés clásicos y señoriales como el Majestic de Oporto o en nuevos imprescindibles de la modernidad como la Kaffeehaus de Lisboa. Y lo mejor es que no hace falta estar en un sitio bello para tomar un buen café; en el bar más humilde estará delicioso. 

6) EL VINHO


Qué bien están haciendo su trabajo los portugueses. Los vinos de porto o de Madeira son conocidos en todo el mundo (gracias en parte a la colaboración de la marina británica) y en torno a ellos han montado unas rutas enoturísticas que dejan a casi cualquier otra en pañales. Quintas, bodegas, wine resorts hechos para comprender que el vino va más allá del momento en el que se bebe, es cultura, es tradición, geografía y país. Además no se han limitado a explotar (siempre de una forma respetuosa y no masiva) sus productos estrella, si no que cada vez más suenan fuera de sus fronteras el vinho verde o los del Alentejo. Una estancia en uno de los increíbles hoteles basados en la enocultura o una visita a una bodega contemporánea ampliarán horizontes en el paladar y redefinirán nuestro concepto de lo exclusivo. 

7) EL PAN CON MANTEQUILLA QUE PONEN ANTES DE COMER


Y las aceitunas. Y el aceite. Y los quesitos. Está claro: todos los pataniscos que sirven para ir abriendo boca antes de que llegue el caldo verde, el frango assado o el bacalhau que hayamos pedido para comer nos saben aquí más sabrosos y nos sientan mejor que en ningún otro sitio. PD: la manteiga, por supuesto, siempre con sal. 


8) LA ARQUITECTURA


Desde los azulejos (ese elemento decorativo que es ya un símbolo nacional) de una iglesia de Braga a la Casa de Chá de Matosinhos de Álvaro Siza, desde la Casa da música de Porto al estilo manuelino del Monasterio de Batalha, los edificio portugueses destilan un estilo propio que los hace inconfundibles. Patearse el país encontrando humildes y hermosas iglesias rurales o palacios tan misteriosos como la Quinta da Regaleira de Sintra es uno de los mejores planes que se pueden organizar. 


9) LAS COMPRAS


Atrás quedaron los días en los que se viajaba a Portugal a renovar las toallas y las mantelerías… o no. Sigue siendo un lugar magnífico para comprar el ajuar de la casa pero también antigüedades, productos gourmet, moda o diseño. Sus tiendas tienen el punto justo para lograr mantener lo tradicional mezclado con innovación y creatividad, y siempre con un buen gusto impepinable. Y además de los centros comerciales de vanguardia, no olvides nunca los mercadillos callejeros mezcla de rastro y cajón de sastre en los que bucear en busca de tesoros ocultos. 


10) ES OTRO MUNDO 


Sí, la distancia ya no es tanta como en los 90, cuando cruzar la frontera (con el DNI siempre) era como dar un salto atrás en el tiempo, pero a veces te encuentras con situaciones en los que el tiempo parece haberse detenido, como cuando ves a los pescadores llegar a puerto y vender su mercancía allí mismo, el producto más fresco del mundo, o encuentras que las calles principales de las ciudades todavía no están completamente tomadas por las mismas cadenas comerciales que las hacen indistinguibles de París o Madrid. Los horarios son distintos, la gente se recoge antes, no gritan… un mundo de diferencia a un paso. 

11) SIGUE SIENDO UN DESCONOCIDO


Compartimos kilómetros de frontera, un pasado común y una historia similar, pero vivimos de espaldas a ellos. En Portugal se sabe todo sobre España y los famosos locales incluso asoman en sus portadas de revistas, pero absurdamente no se piensa mucho en Portugal desde este lado de la península. Pocos podrían nombrar portugueses vivos que no sean del mundo del fútbol, Durao Barroso o María de Medeiros, y no se lo recorre lo suficiente. Es increíble que un destino tan cercano pueda ser un exótico lugar a descubrir y que todavía tanta gente se sorprenda al ver que ese restaurante ultramoderno no está en Amberes o ese hotel en una casa-árbol en medio del bosque no está en Suecia. Aprovéchalo. 


12) EL BACALAO


La alquimia que consiguen los portugueses cocinando el bacalao es una de las razones principales por las que amamos tanto este país. Ya hablamos aquí de algunas de las infinitas formas de prepararlo, y es oír “pataniscos”, “bacalhau com natas” o “à brás” y ponernos a llorar añorando las tascas y restaurantes de interior o de costa, en una ciudad o una aldeíta, en las que hemos disfrutado de unos siempre deliciosos, siempre en su punto de sal, platos de bacalao. 

13) LOS DULCES


Por supuesto estamos pensando en los archifamosos pasteis de nata (con su toque de canela y a poder ser tomándolos en Belém, en la famosa tienda que ya es una atracción turística), pero también en los dulcísimos papos de anjo, las queijadas o las farófias. La herencia de los conventos con su amor por juntar azúcar y yemas hizo mucho por la tradición gastronómica del país y por el estado de nuestros dientes. 


14) SIMPLICIDAD, ELEGANCIA Y TRADICCIÓN


Visibles en los diseños más pequeños (los jabones, las vajillas de inspiración británica, el gallo de Barcelos, la pasta de dientes Marvis…) y en los edificios más grandes, como las sempiternas Pousadas (el equivalente portugués a los Paradores y el lugar donde siempre acertar a la hora de llevar a tus parientes más clásicos o llevarte a ti mismo ahora que sabes apreciar lo atemporal) o los nuevos hoteles que suben nuestro listón de la calma y el chic. Menos mal que nos queda Portugal. 

15) LA INFLUENCIA COLONIAL


Brasil se independizó hace más de un siglo pero lugares tan exóticos como Goa, Macao, Angola o Mozambique fueron colonias portuguesas hasta antes de ayer, y eso se nota. Desde los ecos que resuenan en el fado a la explicación de por qué hay tan buen café y tan buen chocolate. 


16) LOS PRECIOS


Lisa y llanamente, Portugal es de los pocos países europeos que están tan jodidos como nosotros y que todavía resultan asequibles al bolsillo español medio. Aquí el concepto “relación calidad-precio” se hace visible, tangible y disfrutable. 

17) LAS ISLAS


Salpicaduras de tierra en el Atlántico, los territorios insulares más importantes de Portugal son de esos destinos en los que nunca se piensa y siempre sorprenden. Más allá del vino o del famoso anticiclón, Madeira y el archipiélago de las Azores ofrecen un verde refulgente, cultivos que nacen de piedras volcánicas, playas donde siempre es primavera, huellas de la época de los descubrimientos y una continua llamada a flipar con la naturaleza, en forma de flor exótica o de ballena que se sumerge ante nuestros ojos. 

18 ) LAS OLAS


No se trata de ponerse místicos a lo Pocahontas sino de algo mucho más terrenal: el viento y las olas de la amplísima costa portuguesa la convierten en el lugar idóneo para la práctica de surf, kitesurf, windsurf y todo tipo de derivados con distinto nivel de dificultad. Loops, olas gigantes, tubos y demás muestras de ingeniería del océano para la diversión de los más intrépidos. 


19) LOS PUEBLOS


En todos los pueblos habrá (al menos) una iglesia, una plaza y un café, y arrebujadas junto a un río o sobre un acantilado, casas blancas y cubiertas con azulejos que son el mejor refugio de esa autenticidad que emana el país. Podremos hacer varias selecciones de los más bonitos e imprescindibles, o invitarnos a visitar otros gracias a que en ellos están algunos de los mejores y más modernos hoteles, pero Portugal es inagotable; son tantos los rincones remarcables que, por mucho que volvamos una y otra vez, siempre nos sorprenderemos al encontrar un balneario, un parque, un santuario o una ruina medieval evocadora con la que no contábamos. 

20) SIMPATÍA Y EDUCACIÓN


Si vas dos días seguidos al mismo bar portugués, al tercer día te saludarán por tu nombre y con una sonrisa. Ya no recordamos el tiempo en el que eso sucedía en otros lugares del mundo, y en algunos sitios no llegó a suceder jamás. Gestos como estos son el tipo de promoción turística que nos conquista para siempre.

Fuente: Traveler

viernes, 18 de julio de 2014

El Altstadt de Düsseldorf está de moda

Capital de Renania del Norte-Westfalia, Düsseldorf es una de las ciudades más prósperas y dinámicas de Europa. El centro de la ciudad lo tiene todo: gastronomía, monumentos, cervecerías y compras para todo tipo de gustos. 



Vertebrada por el gran Rhin, es sin embargo el pequeño afluente Düssel el que da nombre a una de las ciudades estrella del oeste de Alemania. Centro económico y empresarial, también lo es de las compras y de una gran vitalidad. Los alemanes se han empeñado en convencer al mundo de que son gente divertida y el centro histórico de Düsseldorf, el Altstadt, es una prueba de ello. Un kilómetro cuadrado en el corazón de la ciudad que se llena de gente todos los días al caer la tarde para disfrutar y divertirse. Pero antes de llegar hasta aquí hay dos visitas imprescindibles: el MedienHafen, o Puerto de los Medios, y la avenida Königsallee. El puerto mezcla lo antiguo y lo nuevo. Los antiguos silos, almacenes y grúas conviven con creaciones vanguardistas entre las que destacan los tres edificios danzantes del canadiense Frank O. Gehry, reciente Premio Príncipe de Asturias de las Artes, o el último hotel abierto por la española Meliá, el Innside Düsseldorf MedienHafen, ubicado en el edificio Colorium y con una fachada colorista de dos mil paneles de vidrio que atrapa todas las miradas. Por su parte, la Königsallee es una de las avenidas de compras más elitistas y exclusivas del mundo. Merece la pena recorrer este suntuoso bulevar y visitar sus inmaculados centros comerciales (el Sevens, la Kö-Galeri, la Kaufhof, en el número 1…). El último de ellos, el Kö-Bogen, es una espectacular construcción firmada por Daniel Libeskind que se ha convertido en el nuevo icono de Düsseldorf (y en la meca de las amantes de los zapatos).

Pero nadie puede abandonar Düsseldorf sin haber paseado por su centro histórico, el Altstadt, lleno de iglesias, tabernas y tiendas curiosas como Gewürzhaus, una pequeña casa de las especias donde elaboran mostaza artesana al gusto del cliente: 3,80 euros por un buen tarro. Para darle gusto al estómago, el restaurante más famoso del centro lleva firma española: El Amigo Primo López, que abandera un grupo de restaurantes bajo esta marca creada por un emigrante español (aquí todo el mundo conoce al primo López). Este rincón confluye con la Bolkerstrasse, la calle más animada del centro (casi imposible caminar el sábado noche). Y aquí la reina es la cerveza. Düsseldorf produce una variedad de cerveza que la identifica y distingue del resto de las alemanas: la Altbier. De fermentación alta y color oscuro, se elabora en destilerías propias del centro que la producen y sirven. Las más conocidas son la Schlüssel, la Kürzer o la Schumacher. Düsseldorf también es famosa por un licor digestivo, el Killepitsch. El original se vende y sirve en Et Kabüfke. Y para finalizar el día, un paseo por la margen del Rhin con el skyline del puerto de fondo.

Quadriennale 2014: así será el arte en el futuro


Hasta el 10 de agosto la ciudad acoge uno de los festivales de arte más ambiciosos y prestigiosos de Europa: la Quadriennale Düsseldorf 2014. Bajo el tema Beyond Tomorrow (Más allá del mañana), trece museos, galerías de arte repartidas por toda la ciudad e instituciones públicas invitan a los ciudadanos a ponderar y disfrutar sobre el futuro del arte con exhibiciones, conferencias y actos culturales en una cita que solo se produce una vez cada cuatro años. 

Fuente: Viajar

martes, 15 de julio de 2014

14 lugares fabulosos de Francia para festejar el 14 de Julio

Hoy celebramos el Día de la Bastilla con una buena copa de vino francés, una crepe riquísima y escuchando a Serge Gainsbourg. Bueno, quizás no, pero cualquier excusa es buena para explorar las maravillas que esconde Francia, nuestros vecinos del norte. 


1. Provenza

 
¿Un poco típico? Quizás, pero, ¿no es precioso? Los campos de lavanda se extienden hasta el horizonte como si fuera una postal en lugares que rebosan del calor típico del sur, como Aviñón o Arles, Lauberon y Vaucluse. El aroma es embriagador… y mejor ni hablamos de la gastronomía local. Se nos hace la boca agua. 


2. Nimes

 
Roma no tiene el monopolio en lo que a coliseos se refiere. Nimes, el lugar de nacimiento de la tela de los tejanos (que se llama “denim” = “De Nimes”), tiene los mejores restos romanos a este lado del río Tíber. Si no nos crees, espera a ver su Panteón y date un bañito debajo del monumental Pont du Gard. 


3. Carcasona

 
Con sus torreones y murallas de cuento de hadas, la ciudadela de Carcasona parece tan perfecta que debería estar en Euro Disney. Es demasiado perfecta, podríamos decir… ya que se reconstruyó casi íntegramente en el siglo XIX. Eso sí, no por ello pierde ni un ápice de belleza. Su mejor estampa la da por la noche, cuando está toda iluminada… Si quieres buscar un poco de contraste, conduce hasta el Alto Languedoc, una tierra semi árida llena de águilas, jabalís y… no mucho más. Pero a veces lo más básico es lo mejor. 


4. Mont Saint-Michel 


El Monte San Michel de Normandía es uno de los iconos más fáciles de reconocer de Francia y, por supuesto, una de sus atracciones turísticas más populares. Así que ármate de paciencia y prepárate para sufrir a las hordas de turistas, grupos escolares, grupos de jubilados… Pese a ellos, el lugar tiene una cierta magia que te hará enamorarte. 


5. Lyon

 
Ningún lugar condensa la fama gastronómica de Francia como Lyon. Sí, quizás sea un topicazo llamarla la “capital culinaria” del país, pero después de unos cuantos tragos de vino Côtes du Rhône en un restaurante tradicional seguramente entenderás porqué la cocina lionesa es tan reverenciada. Consejo número 1: no todos los sitios que se autodenominan “bouchon” merecen el nombre, especialmente si están en el turístico casco antiguo. Consejo 2: El Café des Fédérations, y no hace falta decir nada más. 


6. Saint-Emilion 


Quizás reconozcas el nombre de Saint-Emilion, en el departamento de Gironde, Aquitania, porque es un lugar Patrimonio Mundial de la UNESCO… o por su delicioso vino. Prueba el Château Ausone o el Château Cheval Blanc. Son los dos únicos vinos que se han clasificado como Premiers grands crus classes A. Nada mejor para llevarte de picnic junto con un picnic a base de ficelle y queso. 


7. Mont Blanc 


Mientras que Francia e Italia llevan años disputándose si es el Mont Blanc o el Monte Blanco, con 4.810 metros de altura es la montaña más alta de la Europa occidental. Haz la ruta que, en 10 días, recorre 170 kilómetros alrededor del Mont Blanc para admirar el macizo desde todos los ángulos, además de su entorno nevado y de glaciares. O, si te atrever, lánzate en parapente. 


8. Gorges du Verdón 


Ríos profundos y montañas altas. Mientras que los Alpes Franceses le hacen cosquillas al cielo, este impresionante barranco de 25 kilómetros de largo se hunde a 700 metros hacia las profundidades de las aguas turquesas del río Verdón. Experimenta esta maravilla natural a pie, en kayak o, si te va la escalada, colgado de una cuerda. 


9. Niza

 
Seguramente tendrás que levantarte a las 5 de la mañana para ver Niza en calma, pero si te lo has estado pasando bien con la gente guapa en los famosos casinos de la ciudad quizás a esas horas estarás de camino a tu yate… O no, pero soñar es gratis. 


10. Colliure 


El genio fauvista de Matisse estaba un poco deprimido cuando se fue a Colliure en busca de inspiración. Este pequeño pueblo a orilla del Mediterráneo es uno de los lugares donde Francia y España se funden. Colliure consiguió animarle tanto que proclamó: “En Francia no hay un cielo más azul que el de Colliure”. Quizás no había estado en Córcega… pero razón no le faltaba. 


11. Playa de Saleccia, Córcega

 
A no ser que tengas un yate tendrás que andar por un desierto para llegar a la paradisíaca playa de Saleccia. Escondida por el desolado Désert de Agriates, una extensión de nada quemada al noroeste de Córcega, Saleccia es el cielo después del infierno, una playa desierta de más de un kilómetros de largo que te hace soñar con islas desiertas en el Trópico. Retírate al resort de St. Florent (“St. Flo”) para tomarte un pastís debajo de las palmeras. 


12. La Auvernia

 
Esta región en el corazón de Francia es el paraíso de la paz pastoral. Una tierra verde y hermosa, conocida por su queso, sus vacas y sus volcanes… Hasta que no la pises no lo entenderás. 


13. Cap Ferret 


Si ya tienes un lugar bonito donde quedarte en la Isla de Saint-Louis, un yate y quizás un helicóptero y la Riviera te aburre, quizás te apetezca dejarte caer por Cap Ferret, cerca de Burdeos. Si no es el caso, date una vuelta también por allí. 


14. París

 
París, oh París… ¿Por dónde empezamos? Aquí puedes reproducir todos los tópicos del mundo que quieras (desde declararte a tu amor en la Torre Eiffel a tomarte una absenta en cualquier antro del barrio de Pigalle), pero hagas lo que hagas, la Ciudad de la Luz tiene un nosequé que hará que siempre quieras volver. 


Fuente: Skyscanner

lunes, 14 de julio de 2014

Las mejores actividades gratis en Londres

Por todos es bien sabido que Londres es una de las ciudades más caras del mundo, pero suerte existen todavía ciertas actividades gratuitas con las que podrás disfrutar de esta increíble ciudad. El experto y blogger residente en Londres Ricardo Gozalbo de Diario de un Londinense comparte las mejores actividades y lugares que visitar gratis en la capital del Támesis. 



IR DE MUSEOS 


Para empezar, debes de saber que todos los museos con fines científicos, culturales y artísticos en Londres son totalmente gratuitos, por lo que visitar alguno de los más de 200 museos de Londres es una de las actividades obligatorias en tu visita. Hay museos para todos los gustos, desde la National Gallery donde podrás ver las obras maestras originales de los grandes pintores, el Museo de la Ciencia dirigido a los amantes de la ciencia o el Museo de la Guerra Imperial dedicado a las guerras mundiales y donde podrás entrar en una trinchera real. 

Destacar también el museo Tate Modern, de arte contemporáneo, ubicado en una antigua central eléctrica de la ciudad a orillas del Rio Támesis, desde donde podrás disfrutar de una maravillosa vista de la ciudad saliendo a la terraza de la última planta. Otro museo que no te debes de perder es el British Museum, ubicado en un majestuoso edificio neoclásico de 1852, en el cual podrás encontrar la Piedra de Rosetta original, pieza de valor incalculable, que sirvió para descifrar el significado de los jeroglíficos egipcios. 


DISFRUTAR DE LOS PARQUES DE LONDRES 


Londres, a diferencia de otras ciudades europeas, no destaca por su clima, pero si puede presumir de sus grandiosos parques. La ciudad cuenta con un total de ocho grandes parques reales, los cuales fueron abiertos al público en 1851. Como curiosidad, a día de hoy, todos estos parques siguen perteneciendo a la Corona Británica. 

Entre los parques destacar Hyde Park, en pleno corazón de la ciudad, en el que no solo podrás perderte entre sus verdes praderas y desconectar del mundo, sino que también podrás disfrutar de los jardines italianos, de las exposiciones de arte moderno gratuitas en la Serpentine Gallery, del Albert Memorial, de la fuente de Diana de Gales, del famoso Rincón del Orador ("speaker's corner"), donde la gente se sube en un cajón y se queja de cualquier cosa, o ¡incluso tomar el baño en el lago Serpentine en verano! Para deleitarte con unas maravillosas vistas de toda la ciudad, es de obligatoria visita subir hasta la colina de Primrose Hill en Regent’s Park, aunque si prefieres alimentar a toda clase de cisnes, patos y ardillas podrás hacerlo en St. James Park, mientras que en Richmond Park, el parque urbano más grande de Europa, ¡podrás ver ciervos y gamos en plena naturaleza! 


CURIOSEAR EN LOS MERCADILLOS DE LONDRES 


Una vez visitados los museos y parques, ahora te toca visitar los mercadillos de Londres. El más famoso, probablemente gracias a la película "Notting Hill", es el Portobello Road Market. Se celebra todos los sábados y destaca por sus puestos de antigüedades y artículos de segunda mano. Otro gran mercado londinense es el Borough Market, donde podrás comprar alimentos frescos y variados provenientes de todo el mundo, aunque si te gustan los artistas callejeros y grupos de música ambulantes, no te puedes perder el Covent Garden Market. Eso sí, el mercado más singular sin lugar a dudas es el Camden Market. Situado en el variopinto barrio de Camden, y con más de 100,000 visitantes cada fin de semana, lo que no puedas encontrar en este mercadillo, directamente no existe. Pero si después de visitar este mercadillo piensas que ya lo has visto todo, te equivocas. Todavía te queda por entrar la tienda de ropa Ciberdog en Camden. Te quedarás sin palabras. 


DESCUBRIR LONDRES EN UN BUS URBANO 


Otro plan muy interesante que os proponemos, y conocido por muy pocos, es el de hacer una ruta turística en autobús totalmente gratuita por el centro de la ciudad. Para ello tan solo necesitas disponer de una Travelcard y encontrar una parada de la ruta de autobús 159. Es una ruta regular pero pasa por los principales puntos de interés turísticos de la ciudad: Hyde Park, Marble Arch, Oxford Street, Regent Street, Piccadilly Circus, Trafalgar Square, las Caballerizas Reales, Westminster Abbey, las casas del parlamento, el Big Ben, el Rio Támesis y el London Eye. Si quieres disfrutar del “tour” al máximo, te recomendamos que te sientes en la parte delantera superior del autobús para disponer de unas vistas privilegiadas. 

A pesar de los autobuses eléctricos de última generación que se están introduciendo en Londres, a día de hoy todavía existen dos rutas regulares en las que se utilizan los autobuses Routemaster originales, íconos de la ciudad. Las rutas son la 9 y la 15, por lo que si dispones de una Travelcard podrás teletransportarte gratuitamente al pasado. 


VISITAR IGLESIAS DURANTE LA MISA 


Por desgracia, la mayoría de las principales catedrales y abadías de Londres son de pago, pero si quieres entrar sin pagar una libra, el truco es visitarlas durante la hora del culto. Las más conocidas son la Abadía de Westminster y la Catedral de St. Paul, pero estoy seguro que la que más te impactará es la Catedral de Westminster (no confundir con la abadía), por su poca luminosidad interior y sus techos oscuros, los cuales le dan un aire místico que recuerda a las catedrales de San Marcos de Venecia y Santa Sofía de Estambul. Un espacio muy peculiar y diferente. 


MIRAR ESCAPARATES EN LAS ZONAS MÁS IN DE LONDRES 


Si eres amante de la moda, pasearse por las más de 300 tiendas de Oxford, Regent y Carnaby Street es casi obligatorio aunque si prefieres exclusividad y huir de tumultos, tus tiendas están en Knightsbridge y Sloane Road. Por supuesto destacar los almacenes Harrods, donde el lujo y la opulencia desbordan por los cuatro costados. Eso sí, para que este plan sea gratuito, solo puedes mirar y tocar, ¡nada de comprar! 


MÁS ACTIVIDADES GRATIS EN LONDRES 


Y para ir terminando, no te puedes ir de Londres sin hacerte la foto de rigor al lado del guardia real en las caballerizas, la foto de los carteles de Piccadilly Circus desde las ventanas del último piso de la tienda Lillywhites, la foto de la junta central del Tower Bridge mientras sientes como se mueve el puente cuando pasan los autobuses, o la foto del paso de cebra de Abbey Road si eres fan de los Beatles!

Fuente: Skyscanner

10 consejos para no gastar mucho dinero en Dubái

Dubái evoca imágenes de extravagancia, exceso y riqueza. Seguramente no es la primera elección para un viajero con un presupuesto ajustado. Pero aun así es posible disfrutar del tiempo en esta ciudad sin tener que gastar una pequeña fortuna. Aquí van 10 consejos para no gastar mucho dinero en Dubái. 

 

1. Prueba la cocina local 


Aunque Dubái es muy conocido por sus restaurantes exclusivos, también es posible disfrutar de una comida o una cena más informal (y barata) si visitas la calle Al Diyafah road, donde podrás probar delicias locales en uno de sus restaurantes o cafeterías económicos. Con una variedad gastronómica que va de la cocina libanesa a la iraní, pasando por la india, tendrás mucho donde elegir sin tener que rascarte el bolsillo demasiado. 

2. Ve en metro... 


Un pase de día para el metro sólo te costará 14 AED (Dirhams de los Emiratos Árabes Unidos), poco más de 3€. Los vagones están limpios y tienen aire acondicionado, así que son la mejor manera de moverse por la ciudad. 

3. … O navega 


Por 1 AED (20 céntimos) puedes dar un paseo de 10 minutos en una abra (un barco tradicional de madera) a los zocos. Siéntate, relájate, admira las vistas y empápate de los contrastes entre lo antiguo y lo moderno que le dan a Dubái su inconfundible encanto. 


4. Compra algún chollo en el mercado de Karama 


Famoso por sus falsificaciones de objetos de diseño y suvenires turísticos, el Mercado de Karama es el lugar perfecto para ir de compras sin arruinarte. Y si quieres asegurarte de que consigues el mejor precio incluso puedes atreverte a regatear. 

5. Ve de excursión a Al Ain 


A una hora y media de Dubái está la cuarta ciudad más grande de los Emiratos Árabes Unidos. Desde aquí puedes preparar un poco de picnic y conducir hasta la increíble montaña Jebel Hafeet o, si vas en familia, visitar el parque de naturaleza Al Ain Wildlife Park, uno de los zoos más interesantes del Medio Oeste. Cuesta 20 AED (poco más de 4€) para los adultos y 10 AED (2€) para los niños. 


6. Visita un museo o dos 


Muchos de los museos de Dubái tienen entrada gratis. Así que ¿Por qué no visitas el Museo de Dubái que muestra el estilo de vida tradicional del Emirato de Dubái y que está en el edificio más antiguo de la ciudad? O quizás podrías darte una vuelta por el Museo del Camello y, ya de paso, hacerte una foto con un camello disecado. Ambas opciones pueden estar bien. 

7. Date una vuelta por el barrio de Bastakiya 


A pesar de ser famoso por su modernidad, esta área de la ciudad conserva su historia y encanto. La antigua sede de los comerciantes ricos, las calles hoy están llenas de cafeterías y tiendas, y lo mejor es que pasear por allí no te costará nada. 


8. Ve a ver la lucha libre 


Concretamente, ve a ver un combate de lucha Pehlwani. Cada viernes te puedes unir a las multitudes que se juntan para ver cómo dos contendientes intentan arrojar a su oponente en la arena. El plan perfecto. 

9. Disfruta de un día en el parque 


Dubái Creek es otro buen lugar para las familias ya que tiene una zona de juegos educativos (10 AED) pero también es el lugar perfecto para disfrutar del clima. La entrada cuesta 5 AED y puedes tomar el funicular por 25 AED más para contemplar la ciudad desde las alturas. 


10. Noche de chicas 


Si eres mujer y tienes la suerte de estar en la ciudad en martes descubrirás que la noche de Dubái es muy económica. Muchos bares te ofrecerán por lo menos un par de bebidas gratis, mientras que otros te darán champán gratis toda la noche. ¡Perfecto! Los bares más populares son The Westin, Carters, Boudoir, Double Decker, Longs Bar y Rock Bottom.

Fuente: Skyscanner