lunes, 12 de mayo de 2014

Cómo exprimir 48 horas en Córdoba

La fiesta de los patios (hasta el 18 de mayo) es una gran ocasión para (re)descubrir esta ciudad prodigiosa


1. Primera mañana 



Córdoba es un prodigio cultural. Ciudad con un impresionante legado monumental, fue cuna de innumerables filósofos, médicos, místicos y poetas. Perderse por sus rincones es entrar en el túnel del tiempo y atravesar el puente entre Oriente y Occidente. La ciudad, más allá de sus famosos atractivos turísticos, invita a, simplemente, pasear entre sus calles y ver el espectáculo de sus casas encaladas, llenas de flores, macetas y vegetación por doquier; un auténtico espectáculo de una ciudad jardín. 

10.00 h - Córdoba romana. 


Si estamos de vacaciones y relax, en Córdoba no es necesario madrugar en exceso. Desayunamos tranquilamente y empezamos visitando la ciudad romana. Y es que, aunque muchos tenemos en la cabeza la imagen de la Córdoba árabe, los orígenes de la ciudad son romanos y se remontan al siglo II a. C., cuando el general Claudio Marcelo se asentó a orillas del Guadalquivir para fundar Corduba. Aunque las huellas de la cultura romana en la ciudad son menores que las de culturas posteriores, hay algunas joyas que no debemos dejar de visitar. 

Destacaremos el templo romano -–situado junto al ayuntamiento–, que nos asombrará por sus grandes dimensiones. También cabe destacar el puente, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad que, aunque fue remodelado hace pocos años, sigue teniendo un encanto irresistible gracias a sus dieciséis arcos (cuatro apuntados y doce de medio punto). Verlo de día o de noche es una auténtica maravilla y representa una de las postales más típicas de la ciudad. 

12.00 h - Los pequeños jardines colgantes de Córdoba 


Seguimos descubriendo la ciudad y nos dirigimos a la Calleja de las Flores, una minúscula callejuela situada a diez minutos a pie en dirección al centro, junto a la catedral. Esta calle es una maravilla para los sentidos. Impresiona lo cuidado que están los balcones enrejados llenos de flores y plantas colgantes. Además, esta pequeña calle va a morir en una plaza desde la cual hay una de las vistas más hermosas de la ciudad. A tres minutos de allí, en dirección a la Avenida del Conde de Vallellano, encontramos la Puerta de Almodóvar, a la que accederemos por la calle Cairuán. 

Durante la época musulmana, la puerta era conocida como la Bab al-Yawz y, aunque fue restaurada en 1802, se han conservado casi íntegramente las almenas y el adarve. Frente a ella, veremos una escultura dedicada a Séneca, el filósofo y dramaturgo cordobés más universal. Es un rincón precioso e imprescindible.

2. Primera tarde



14.00 h - Delicatessen a la cordobesa 


Justo al lado de la Puerta de Almodóvar, en la calle Doctor Fleming, encontraremos el Mesón Juan Peña, un lugar pequeño pero exquisito, ideal para darnos un respiro y disfrutar de unas tapas riquísimas (el pescadito frito y las puntillitas son de lujo), acompañadas de un buen vino.

Si preferimos un lugar más espacioso y con una carta más elaborada, podemos acercarnos al restaurante Bodegas Campos (calle de Los Lineros, 32, a cinco minutos de la Judería, tocando el Paseo de la Ribera). Se trata de una antigua bodega muy bien ambientada, con una excelente cocina de raíz cordobesa. El ajoblanco con langostinos o el rabo de toro deshuesado con cremoso de patata son una auténtica delicia. 

16.00 h - La Mezquita, símbolo de la ciudad 


Las próximas dos horas las dedicaremos a conocer la indiscutible joya de la ciudad, la Mezquita, considerada el monumento más importante de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo. Su construcción se inició en el año 780, donde se encontraba la iglesia visigoda de San Vicente, y se amplió en varias ocasiones hasta que, en el año 987, adquirió sus actuales dimensiones. 

La reforma más desastrosa de toda su historia se llevó a cabo en el siglo XVI, bajo el reinado de Carlos V, cuando se eliminó (no sin polémica) parte de los trabajos de ampliación de Abderramán II y Almanzor para construir la catedral cristiana. 

En su historia, se resume la evolución completa del estilo omeya en España, además de los estilos gótico, renacentista y barroco de la construcción cristiana. Podemos pasarnos horas recorriéndola y tan pronto nos parecerá estar en una enorme mezquita, como en el interior de una luminosa catedral. 

Consta de dos zonas diferenciadas: el patio porticado, donde bajo la torre renacentista se levanta el alminar, y la sala de oración o haram. El espacio interior se dispone sobre un concierto de columnas y arcadas bicolores cuyo efecto cromático nos dejará boquiabiertos. Decir que visitarla resulta imprescindible es poco. 

18.00 h - La Casa de la Concha en la Judería 


Saliendo de la mezquita, cogemos la calle Torrijos en dirección norte y en cinco minutos nos plantamos en la Judería, donde nos quedaremos a dar un paseo. Sus calles estrechas y sus casas encaladas son una de las estampas más populares de la ciudad. Visto que sus dimensiones son más bien reducidas, lo mejor será dejarse llevar y descubrir sus rincones, como la Plaza de la Concha (donde se encuentra la preciosa Casa de la Concha, con su magnífica escalera semicircular) o el callejón del Pañuelo –junto a la plaza–, catalogada como la calle más estrecha de España. 

También podemos acercarnos a la sinagoga –una de las mejores conservadas de todo el país–, de la que destacamos la gran belleza del muro que soporta la tribuna de las mujeres, abierto con tres arcos ornamentados con yeserías. 

20.30 h - Se enciende la noche 


El día va tocando a su fin, pero queda cenar y tomar el pulso a la noche cordobesa. Así que nos desplazamos hasta la calle Cardenal Herrero, 28 (en una esquina de la Judería, junto a la calle Torrijos, a escasos doscientos metros de la sinagoga) y probamos suerte en el Caballo Rojo, un restaurante donde José García Marín, alias Pepe el del Caballo Rojo, nos encandilará con los riñones de cordero al vino viejo, las berenjenas califales o el rape mozárabe. 

Aquí encontraremos confort, hospitalidad y profesionalidad, todo en uno. Y para tomarnos algo, deberemos ir hasta la Plaza de la Corredera, en pleno centro de la ciudad, donde suelen reunirse los cordobeses más noctámbulos. Allí podremos ir de terraza en terraza, en busca del bar que más nos llame la atención. Podemos probar en el Mari Luz, o en el Patri, donde el buen ambiente está garantizado. 

3. Segunda mañana 



9.30 h - Entre Medina Azahara y el Alcázar de los Reyes 


Segundo día en Córdoba y más cosas por ver. Ya hemos comprobado que la ciudad es pequeña y accesible para conocerla en 48 horas. Pero también que es rica en historias y en lugares que visitar. Por eso, para empezar, podemos elegir un plan doble: o seguimos conociendo la ciudad o nos desplazamos a unos 8 km de la misma y descubrimos Medina Azahara (la ciudad medieval de Abderramán III). 

Si nos decantamos por salir de la ciudad, se puede llegar por la carretera A-431 (carretera de Palma del Río), saliendo a la derecha por la carretera CV-119, y luego a la izquierda por un desvío ya señalizado. Madinat al-Zahra' es la fastuosa y misteriosa ciudad que Abderramán III mandó construir a los pies de Sierra Morena. Hasta su nombre encierra, incluso, historias legendarias. 

Desde siempre, la tradición popular afirma que, autoproclamado Abderramán III califa en el 929 d. C., y tras ocho años de reinado, decidió edificar una ciudad palatina en honor a su favorita, Azahara. Sin embargo, recientes estudios aportan fuertes evidencias de la causa que impulsó al califa a fundar Medina Azahara. Ahora se acepta como el origen más probable de la nueva medina la proyección de una renovada imagen del recién creado Califato Independiente de Occidente, el más fuerte y poderoso en Europa. 

Si preferimos seguir descubriendo la ciudad, esta no nos defraudará. En este caso, empezaríamos con el Alcázar de los Reyes Cristianos. Este edificio gótico de carácter militar sirvió de residencia a los Reyes Católicos durante ocho años y aquí fue donde recibieron al mismísimo Cristóbal Colón cuando regresó de las Américas. El conjunto es de apariencia sobria, pero los patios y los jardines que esconde en su interior son de una delicadeza sorprendente. Pasear por ellos rodeado de estanques, peces de colores y nenúfares será la mejor manera de empezar el día. 

Tampoco podemos perdernos las torres del Homenaje y de la Inquisición ni el Salón de los Mosaicos. Allí podremos contemplar mosaicos romanos descubiertos en la Plaza de la Corredera y sarcófagos de los siglos II y III. Es un pequeño paraíso dentro de la ciudad, así que no debemos tener prisa por irnos. 

12.00 h - La hora del patio… cordobés 


Uno de los atractivos de Córdoba son sus típicos patios. Así que deberemos hacer una pequeña ruta (siempre por la zona del centro histórico de la ciudad) para visitar los más espectaculares. Abundan en el barrio del Alcázar Viejo, entre el Alcázar que acabamos de abandonar y la parroquia de San Basilio, aunque también los hay por el barrio de Santa Marina, alrededor de San Lorenzo y la Magdalena, y en la Judería. No os perdáis los del Palacio de Viana, que, de tan evocadores, dan ganas de retirarse en uno de ellos y pasar la vida leyendo o meditando: pura belleza. 

4. Segunda tarde 



14.00 h - Apurando las últimas tapas cordobesas 


Cerca del Palacio de Viana hay un par de sitios, no muy conocidos, pero que son perfectos para hacer un alto en el camino y comer. En la vecina calle Ocaña, encontramos la Taberna Rincón de las Beatillas, ideal para despedirnos de la ciudad con unas buenas tapas. Si vamos con la familia, quizá será mejor ir a la también vecina calle Enrique Redel y sentarnos a comer una pizza en la Pizzería El Patrón. ¡Ojo! No son pizzas cualesquiera. Todos los ingredientes vienen directamente de sus lugares de origen y existe la opción de que os las hagan a la leña. Ambas son buenas opciones. 
 

16.00 h - De plazas y museos 


Y para despedirnos de esta ciudad encantadora, proponemos visitar un par de plazas encantadoras de la ciudad y un museo. La Plaza del Potro, situada en el barrio de la Ajerquía, debe su nombre a la fuente renacentista que la preside, cuyo principal elemento decorativo es la figura de un potro. Tradicionalmente, fue lugar de compra-venta de ganado, tal y como demuestra la famosa Posada del Potro, que encontraremos en la misma plaza y en cuyas habitaciones se hospedó repetidas veces Miguel de Cervantes. 

La plaza también acoge el Museo Julio Romero de Torres (como dice la canción: “…pintó a la mujer morena…”). Resulta interesante visitarlo para disfrutar de sus principales obras, como La chiquita piconera, Naranjas y limones, Cante hondo o Poema a Córdoba. 

Antes de irnos, visitaremos la sobrecogedora Plaza de Capuchinos, cuyas austeras paredes inmaculadas acompañan a las portadas de piedra del Convento Santo Ángel. En el centro de la plazoleta se levanta una de las imágenes más singulares de la ciudad: el Cristo de los Faroles, a quien podríamos pedir que nos vuelva a ver por Córdoba muy pronto. 

Para los sofisticados 


El hotel Hospes Palacio del Bailio, situado en pleno centro, es el mejor cinco estrellas de Córdoba. Diseño, historia, espacio y luz conviven en armonía para impresionar incluso a los habituados a hoteles exclusivos. 

Para disfrutar del relax 


El paraíso del relax en Córdoba se llama Hammam y se encuentra en pleno centro. Un baño en cada sala y un masaje relajante con aceites esenciales serán la mejor terapia para mentes y cuerpos estresados. El lugar y el servicio son espectaculares.
Para amigos 

En el Eco Parque Aventura No eres Capaz, a solo veinte minutos de la ciudad (kilómetro 12 de la carretera de Villaviciosa, en Las Solanas del Pilar), nos retan a divertirnos rodeados de naturaleza. Podremos elegir entre paseos a caballo, rutas en quads, mountain bike, senderismo, pesca en el río, tiro con arco, escalada, o probar con las tirolinas, los puentes basculantes o las pasarelas colgantes. Aquí la diversión está asegurada. 

Para familias 


En la Avenida Menéndez Pidal (junto a la universidad) encontramos La Ciudad de los niñ@s; la mayor área de juegos infantiles de la ciudad y el único recinto de España que los aúna en una zona verde de cuatro hectáreas. Es ideal para ir en familia y pasar una mañana de lo más entretenida. 

Fuente: ABC

jueves, 8 de mayo de 2014

La playa más pequeña del mundo

Una playa que, además de pequeña, resulta de lo más curioso.



Que Gulpiyuri sea una playa pequeña, muy pequeña, cabe que la más pequeña del mundo, no dejaría de ser una curiosad, una mera anécdota en la inmensa belleza natural que es Asturias. Pero sucede que no es así, y es que Gulpiyuri, además de una playa de bolsillo, es una playa sin vistas al mar. 

El lugar del mundo que ocupa Gulpiyuri, por más que no alcance los 50 metros de largo, es de una belleza infinita y todo un regalo natural: podrás sentarte a la orilla del mar viéndote entre arena y rocas sin sentir siquiera que es en la inmensidad del océano donde estás mojando tus pies porque el mar no se ve, frente a ti se levanta una montaña de roca que, a modo de concesión secreta, permite que bajo ella se cuele el mar y forme una playa, la de Gulpiyuri, dicen que la más pequeña del mundo y declarada Monumento Natural. 

Además, no será esa la única vista que tengas de esta sugerente playa, también podrás verla desde arriba, pisando las rocas que permiten el paso del mar y la formación de Gulpiyuri.

Por más que sea ésta una playa pequeña, por más que sea norte y el tiempo resulte traicionero, por más pereza que sientas ante los kilómetros que tengas que recorrer para llegar a ella, Gulpiyuri es un lugar a visitar y lo es por sí mismo y por su entorno, no en vano estás en la costa asturiana, entre Llanes y Ribadesella, con Arriondas cerca y hasta un río célebre por su acogida a las piraguas tanto en su bajada oficial en agosto como en otras fechas, el Sella; y, por supuesto, con los Picos de Europa al fondo, tierra adentro y hacia el cielo. 

Asturias es, además de un espacio natural imperdible, un lugar de riqueza gastronómica y cultural en el que rendir el gusto al cabrales y brindar por una gran escapada a la playa más pequeña con un culín de sidra.

Fuente: Viajestic

miércoles, 7 de mayo de 2014

Diez caras de la misteriosa y salvaje belleza de El Hierro

Superada la actividad sísmica de 2013, permanece la magia de sus paisajes, todavía poco conocidos por muchos viajeros 


1. Tranquilidad sísmica 



En octubre de 2011 el fondo del mar cercano a la costa sur de El Hierro tembló y de su interior surgieron rocas magmáticas. El último sismo de cierta intensidad (5,1 grados en la escala de Richter) sucedió el 27 de diciembre de 2013. A partir de entonces se ha dado por zanjada esta crisis. 

El cono volcánico submarino se encuentra a 88 metros de profundidad, en el Mar de las Calmas. Los 11.000 habitantes de La Restinga, la población más cercana, se han acostumbrado a convivir con el fenómeno y aseguran que los temblores por debajo de 3 grados, los más frecuentes, pasan totalmente inadvertidos. Así que, vuelta la tranquilidad, ya es tiempo de que volvamos a El Hierro, o de que vayan por primera vez los desafortunados que aún no lo conocen.

2. Laurisilva y sabinas 



Por su flora, la isla de El Hierro se divide en dos zonas bien definidas a cual más atractiva. Al norte los bosques de laurisilvas, encinas, hayas y coníferas. Al oeste las sabinas. 

La laurisilva, que parece salido de un cuento de duendes y elfos, es un bosque nuboso y verde de aspecto misterioso. 

Las sabinas, en un entorno más seco, son azotadas por el fuerte viento y presentan formas retorcidas impresionantes. 

3. Lagartos gigantes 



Aunque se han descubierto otras especies similares en Tenerife, La Gomera y Gran Canaria, el de El Hierro es una especie endémica única que sobrevive sobre todo en los Roques de Salmor. 

De cuerpo fuerte, color oscuro, larga cola y cabeza ancha, llega a medir unos 60 cm. Se encuentra en peligro de extinción por lo que el Gobierno de Canarias impulsa diversos programas para su reproducción. En el Risco de Tibataje hay un centro de cría que se puede visitar. 

4. La playa de Las Playas 



Con el nombre de Las Playas se conoce a una amplia ensenada semicircular en la que encontramos una sola enorme playa de más de 6 km. Es un monumento natural protegido dominado por el Risco de los Herreños de más de mil metros de altitud. 

En sus zonas bajas, cubiertas por la hierba, pastaban en invierno los rebaños de ovejas y cabras. Su playa, de la que toma el nombre, es de cantos negros. El mar presenta un intenso color azul. 

5. El árbol del que mana agua 



Durante mucho tiempo se creyó que el Árbol Fuente, o Árbol Santo, era solo una fábula. Los antiguos habitantes de la isla decían que de él manaba agua. 

Lo cierto es que sus hojas eran capaces de captar el rocío de las nieblas y las gotas de las escasas lloviznas, y que los guanches la sabían recoger. 

Según estudios, el último de esos especímenes, un tipo de laurel, desapareció en 1610 arrancado por un huracán. Se encontraban a una altura de unos mil metros, y aunque hoy han desaparecido y solo se encuentran representados en el escudo de la isla, aún podemos ver los paisajes en los que vivió, casi siempre cubiertos de nubes. 

6. Papas arrugás con mojo 



La cocina de El Hierro es sencilla y tradicional, a base de productos locales muy frescos. Como no podía ser de otra forma, el pescado es el rey de la gastronomía herreña. Sus aguas litorales son ricas en muchas especies sabrosas como los pargos, sargos, chernes y viejas.

Se suelen servir con distintas salsas o mojos, y con papas arrugás, una especialidad canaria de patatas pequeñas y suaves que se comen con piel. Plato tan sencillo como exquisito. 

Entre las carnes destacan el conejo y el chivo (cabrito). Y de los guisos cabe mencionar el potaje, el puchero y el rancho con papas. El gofio (harina de cereales tostados y molidos) no puede faltar en ninguna mesa. 

Muy típicas son las quesadillas, un dulce a base de queso. El vino local tiene denominación de origen. 

7. Mirador de Jinama 



Los abundantes riscos de la isla presentan atractivos miradores. El de Jinama es uno de los más interesantes. Está situado en la zona centro-este, y desde sus 1.230 metros sobre el nivel del mar ofrece unas vistas únicas de los viñedos y las plantaciones de piña y plátanos de la región de San Andrés. 

Muy cerca está la ermita de la Virgen de la Caridad, desde donde parte un camino ideal para hacer senderismo que acaba en la localidad de La Frontera. 

8. La Maceta 



Recibe el nombre de La Maceta una serie de tres piscinas naturales en el pueblo de La Frontera, perfectamente acondicionadas con escaleras, pasarelas y lugares para el reposo.

Si la playa nos parece demasiado pedregosa, o el mar está ese día agitado, aquí pasará toda la familia una interesante jornada de baños y sol. En unos merenderos provistos de parrillas podemos hacernos nosotros mismos la comida, o si no podemos reservar mesa en algunos de los restaurantes-chiringuitos de la zona. 

9. El Charco Azul 



El Charco Azul es otro de los lugares de ensueño de esta isla encantada. Se trata de dos piscinas naturales en las que la intervención humana ha sido mínima, entre rocas que dan al mar abierto. El ímpetu de las olas del Atlántico se detiene en las rocas, pero conserva la suficiente fuerza para llenar las ollas o piscinas con agua constantemente renovada. 

El baño en este paraje dominado por los tonos azules y esmeraldas es totalmente seguro. 

Pero para llegar a este paraíso hay que ganárselo. Y la forma de hacerlo es bajar el acantilado por sus escaleras perfectamente trazadas, lo que puede llevar a los más lentos algo así como media hora. 

10. Tagoror 



Un mirador también recomendable es el de Tagoror. Además de las impresionantes vistas sobre la árida costa meridional de la isla, aquí podemos ver los restos dejados por los primeros habitantes de El Hierro, los bimbaches, posiblemente descendientes de los guanches de Tenerife. 

Se cree que Tagoror, que en bereber significa «recinto circular de piedras», sirvió de lugar de reunión para celebrar asambleas y fiestas. Muy cerca se encuentra un lugar conocido como Los Letreros por la abundancia de petroglifos. 

Fuente:  ABC

martes, 6 de mayo de 2014

48 horas en Sevilla: todos los planes, además de la Feria

De los sitios de tapas a los de compras, de los jardines al arte. En plena Feria, Sevilla es el centro del mundo


1. Primera mañana 



10.00 h. Los Reales Alcázares en la Sevilla árabe 


Comenzamos nuestra aventura sevillana desplazándonos hasta la plaza del Patio de Banderas, en el Barrio de Santa Cruz, para visitar una de sus principales maravillas arquitectónicas: los Reales Alcázares. 

Utilizado para alojar a los miembros de la casa real y a los jefes de Estado que visitan la ciudad, el alcázar (fortaleza, en árabe) se construyó tras la conquista de la ciudad por parte de los árabes, allá por el año 712. Aunque lo ideal es visitar todo el conjunto, estamos obligados a no perdernos el Palacio de Pedro I y el Jardín del Estanque. 

Además, esta visita tardaremos en olvidarla porque nuestra ropa se impregnará de un intenso olor a jazmín: el típico aroma de los Reales Alcázares. El Palacio de Pedro I es el hito más importante del arte mudéjar civil y un regalo para miradas sensibles al arte. El Jardín del Estanque es un monumento al refinamiento y a la delicadeza que nos dejará sin palabras y con el ánimo renovado. 

12.00 h - La catedral, el orgullo de la ciudad 


Abandonamos los Reales Alcázares y caminamos tan solo dos minutos hasta la Plaza del Triunfo para admirar el indiscutible símbolo de la ciudad. La catedral de Sevillasorprende por la cantidad de estilos que aglutina (almohade, mudéjar, gótico, renacentista, barroco, académico y neogótico) y por la inmensidad de sus dimensiones. 

Deberemos mirarla con calma porque merece la pena ver cada rincón. Pero la que se lleva todas las miradas es la Giralda: el campanario de la catedral. Inspirada en el alminar de la mezquita Kutubia de Marrakech, los dos tercios inferiores de esta torre de 104 m de altura corresponden al alminar de la antigua mezquita de la ciudad, y la parte superior es un remate renacentista añadido por los cristianos para albergar las campanas. 

En la punta se encuentra el Giraldillo; una escultura de bronce que representa a una mujer con túnica, que lleva una palma en una mano y un escudo guerrero en la otra, y que ha sido recientemente restaurada. 

2. Primera tarde 



14.30 h - Fiesta gastronómica 


Llega la hora de comer. Al lado de la catedral, encontraremos la Plaza de los Venerables y nos meteremos, sin dudarlo, en el Restaurante Santa Cruz. Su aire típicamente andaluz (os podéis fijar en las fotografías de los toreros, los carteles de época y las cabezas de astados que cuelgan de la pared) será perfecto para darnos un homenaje a base de pescadito frito y una buena tapa de jamón. 

Si en cambio queremos algo más acogedor e íntimo, podemos ir al restaurante La Albahaca (en la Plaza Santa Cruz, 12, también a tocar de la catedral), donde por un precio medio-alto quedaremos más que satisfechos. 

16.30 h - De compras por Sierpes 


Después de haber comido como señores, podemos hacer la digestión mientras paseamos tranquilamente en dirección a la calle comercial por excelencia de la ciudad: la calle Sierpes. Al final de esta calle estaba la Cárcel Real de Sevilla, en la que estuvo preso Miguel de Cervantes. 

Allí encontraremos de todo: bares, cafeterías, tiendas de ropa, de recuerdos (de los más refinados a los más kitsch), la gigantesca Librería Beta -que ocupa el espacio del antiguo teatro imperial- o confiterías como La Campana, donde por un precio asequible te puedes comer todo tipo de dulces y pasteles, como por ejemplo un espectacular roscón de crema.

Tomémoslo con calma que en esta calle la oferta es rica y variada. No hay prisa, pero sí estará lleno de gente; en Sevilla se vive en la calle hasta en invierno. 

19.30 h - Sevilla donjuanera 


Saliendo de la calle Sierpes, deshacemos el camino por las calles Álvarez Quintero y Mateos Gago, y en diez minutos volveremos a estar en las evocadoras calles del Barrio de Santa Cruz. Pasear al anochecer por sus calles estrechas y observar los patios cubiertos de flores y las casas señoriales que aparecen en cada esquina es un placer como pocos. 

La Plaza de Doña Elvira (antiguo corral de comedias donde, según la leyenda popular, se encuentra la casa de la mítica doña Inés de Ulloa, el amor imposible de don Juan Tenorio), el número 4 de la calle Justino de Neve (ejemplo típico de casa-patio sevillana) o la poética calle de la Pimienta (lugar donde vivió una de las grandes del teatro español, María Guerrero) son rincones imprescindibles que no debemos perdernos. Disfrutemos y no perdamos detalle de este barrio completamente inolvidable. 

21.30 h - Cena, fino y flamenco en Triana 


Nuestro primer día en Sevilla ha sido completo, pero es hora de cenar y tenemos que movernos. Así que invirtamos veinte minutos en cruzar el Guadalquivir por el Puente de San Telmo y bajar por la archiconocida calle Betis hasta encontrarnos con el restaurante Abades Triana, situado en el número 69. Desde el gran ventanal que se abre en su comedor, podremos contemplar cómo luce otro de los monumentos imprescindibles de la ciudad: la Torre del Oro. 

Esta preciosa torre almohade –construida a principios del siglo XIII– ha sido capilla, almacén de pólvora y prisión, y, actualmente, alberga el Museo Naval Torre del Oro de Sevilla. Cenar con estas vistas será todo un privilegio. Además, este monumento es mejor verlo de noche iluminado. Y para tomarnos una copita antes de ir a dormir, aprovecharemos que estamos en el animado barrio de Triana para acercarnos al Rejoneo, donde escucharemos buen flamenco y nos atenderán de primera, o al Anselma, un clásico de Sevilla donde podremos tomarnos un finito mientras disfrutamos de buena música en directo y alguna sevillana que otra para ambientarse del todo. Y mañana más… 

3. Segunda mañana 



10.00 h - De la Plaza de España al paseo por el Guadalquivir 


Empezamos nuestro último día en Sevilla pisando la espectacular Plaza de España, encuadrada en el interior del Parque de María Luisa. Construida a raíz de la Exposición Iberoamericana de 1929, sus 200 m de diámetro dejan boquiabierto al que la visita por primera vez. 

Su forma semicircular simboliza el abrazo entre España y sus antiguas colonias, y mira al río Guadalquivir como ruta a seguir hacia América. Recorrerla con tranquilidad y descubrir sus incontables rincones nos llevará un buen rato, pero no hacerlo sería todo un pecado. En 1999, la plaza dio la vuelta al mundo cuando al cineasta George Lucas se le ocurrió incluirla en el segundo episodio de la mítica Star Wars. 

Otra alternativa, tan atractiva como la primera, nos lleva al río, esencia de la ciudad. Muy cerca del parque se halla el río Guadalquivir y habrá más de un barco dispuesto a llevarnos a descubrir Sevilla desde otro punto de vista. Así, de paso, descansamos un poco… 

12.00 h – El corazón verde de Sevilla 


Y, evidentemente, no podemos marcharnos sin conocer el resto del Parque de María Luisa, conocido por sus gentes como el Central Park español. Este enorme pulmón verde sevillano debe sus orígenes a los duques de Montpensier, quienes, en 1849, adquirieron el Palacio de San Telmo y encargaron al jardinero francés Lecolant la construcción de un gran jardín que estuviera en consonancia con la majestuosidad del edificio que acababan de convertir en su residencia. 

Aunque ya hayamos castigado las piernas en la Plaza de España, será un placer deambular por sus senderos y disfrutar de sus árboles, esculturas y numerosas glorietas, entre las que destacaríamos la de la Glorieta de la Infanta María Luisa Fernanda de Orleans, por albergar una escultura que recuerda a la que cediera los jardines a la ciudad, en 1893. 

Otra opción más tranquila y descansada es dar una vuelta en coche de caballos por sus alrededores… Por esta zona, los veremos por todas partes. 

4. Segunda tarde 



14.30 h - Últimas tapas 


Después de una relajada mañana en el parque, salimos de él para ir a comer y encarar el final de nuestra primera aventura sevillana. Así que tomaremos el Paseo de las Delicias en dirección al centro hasta llegar a la calle Adriano, situada en el casco antiguo, poco antes de llegar al Puente de Isabel II. 

Allí, en el número 24, encontraremos el Bar Taquilla, donde podremos despedirnos del tapeo comiéndonos una de champiñones rellenos o una de papas con chocos (¡para llorar de buenas!). También de ambiente popular, el Restaurante Sabina (calle Dos de Mayo 4, a cien metros de la calle Adriano) es otra buena opción para comer como los ángeles. Su pescadito frito y el rosbif de buey son excelentes. 

16.30 h - Sevilla torera 


Y como de Sevilla solo se puede salir por la puerta grande, pues abandonamos el sitio donde hayamos comido y levantamos la cabeza para contemplar la mítica plaza de toros de la Maestranza. Su fachada barroca pintada de blanco y dorado ocre es una maravilla. 

En los aledaños de la plaza, veremos estatuas dedicadas a los toreros sevillanos que más han triunfado en ella, como Curro Romero. Si somos muy aficionados a los toros, podemos visitar el Museo Taurino de la Real Maestranza de Caballería. 

Alojado bajo los graderíos de la plaza, recorre la historia de la fiesta nacional a través de una completa colección de carteles taurinos, fotos, trajes de luces, bronces, azulejos y esculturas. 

17.30 h - Compras tradicionales y de moda 


Para finalizar, echemos un vistazo a la Sevilla artesanal de la cerámica y la alfarería. Podemos encontrar desde motivos decorativos de origen islámico hasta trazados barrocos del s. XVIII, pasando por clásicos diseños italianizantes del s. XVI. 

La producción de cerámica artística se localiza principalmente en el barrio de Triana (viniendo de la Maestranza, podemos cruzar el Puente de Isabel II y meternos de lleno en él) y se inicia en la época islámica. Todavía hoy, muchos de estos ornamentos siguen siendo protagonistas en un sinfín de rincones de esta ciudad. 

Tampoco nos olvidaremos de destacar las piezas artesanales de La Cartuja –firma fundada en 1839 por Charles Pickman–, que podremos encontrar por toda Sevilla, y la arraigada tradición de utilizar mantillas, usadas en Semana Santa y en bodas (incluso muchas novias sustituyen el tradicional velo por esta prenda). 

Además de la artesanía, la ciudad se ha convertido en los últimos años en un importante centro de moda gracias a modistos locales de la talla de Victorio y Lucchino o Toni Benítez. 

Paralelamente, se siguen manteniendo también los tradicionales mercadillos al aire libre, como el Mercadillo del Jueves (todos los jueves en la calle Feria del Barrio de la Macarena), el Mercadillo del Charco de la Pava (los sábados en la Isla de la Cartuja) o el Mercadillo del Parque Alcosa de los domingos, situado en la Avenida Juan Carlos I (junto a la antigua estación del telecabina de la Expo 92) donde los coleccionistas filatélicos pueden adquirir sellos y monedas. 

5. Un plan para cada viajero 



Para los sofisticados: 


Situado en el número 8 de la Plaza de la Legión, el Kudeta es un lugar de visita obligada para los que quieran disfrutar de uno de los templos del chill out. Con restaurante, copas y zona de baile, es de lo mejorcito de la ciudad. 

Disfrutar del relax: 


Los baños árabes Aire de Sevilla son el paraíso del relax. Este refugio bebe de la historia de los antepasados que hicieron del baño público un arte para los sentidos. Un escondite donde el silencio se impone al ruido, con unas vistas privilegiadas desde la terraza. 

Para los más aventureros: 


Conocer Andalucía desde el aire es una experiencia inolvidable. Si te acercas hasta Aerohispalis y contratas uno de sus vuelos en ultraligeros, podrás contemplar atardeceres mágicos y playas a vista de pájaro, muy recomendable. 

Para amigos: 


En Mairena del Aljarafe y Gerena (a solo 10 km de la ciudad), DXT tiene los dos mayores campos de paintball de Sevilla. Si quieres pasar un rato divertido con los amigos, no dudes en llamarlos y reservar alguno de los varios escenarios de batalla de los que disponen. 

Para familias: 


Isla Mágica es un parque temático situado en el Pabellón de España de la Isla de la Cartuja, ideal para pasar un rato divertido con los niños. Especialmente recomendable es el Cinemoción; una pantalla de 3D en la que se proyectan emocionantes películas de piratas, guerreros, astronautas, etc. 

Fuente: ABC